06/10/2021
Dólar

Las nuevas restricciones cambiarias confiesan el saqueo del país

Las medidas del Banco Central y la CNV ilustran que del boom exportador no quedó nada.

El gobierno dispuso nuevas restricciones a las operaciones con el llamado dólar bolsa y al pago anticipado de importaciones, con el objetivo de dejar de perder divisas de las reservas en contener la brecha cambiaria. Prácticamente todos los analistas económicos descontaban que se tomarían medidas de este tipo, porque las arcas del Banco Central están entrando en terapia intensiva.

La Comisión Nacional de Valores impuso restricciones a las operaciones con bonos bajo legislación local, utilizadas para pasarse a dólares. Este reforzamiento del cepo cambiario llega después de una sangría acelerada de las reservas para evitar una disparada de los tipos de cambio paralelos -tan solo en la última ronda el Central había tenido que vender 100 millones de dólares.

Una estimación de la consultora Quantum indica que en toda la primera mitad del año había tenido que rematar 1.150 millones de dólares, equivalentes a más de la tercera parte de todas las divisas que logró comprar gracias al boom de la soja; mientras que en lo que va del segundo semestre las pérdidas, de 1.335 millones, casi duplican a los ingresos.

El Banco Central, a su vez, bloqueó hasta el 31 de octubre algunos mecanismos de compra de dólares en el mercado oficial para el pago anticipado de importaciones, que es una de las vías clásicas por las cuales los capitalistas se resguardan ante expectativas de devaluación. Entre junio y septiembre la diferencia entre lo pagado y lo efectivamente ingresado en importaciones fue nada menos que de 1.800 millones de dólares (Ámbito Financiero, 6/10). Para colmo, los importadores vienen remarcando desde hace varios meses los precios de los insumos que traen del exterior a un precio mayor a la evolución de tipo de cambio oficial, como registra el Indec al relevar la inflación importada.

Las conclusiones indisimulables de todo esto son principalmente dos. Que, transcurrido un año de la corrida que derivó en el supercepo, la pax cambiaria solo pudo perpetuar en el tiempo una situación crítica; y -precisamente por eso- que a la Argentina no le quedó nada del récord histórico de las exportaciones generada por el alza de los precios internacionales de las commodities, que facilitaron un superávit comercial en los primeros ocho meses de 2021 de 10.500 millones de dólares. Las reservas netas del BCRA apenas alcanzan para cubrir los vencimientos con el FMI por casi 3.000 millones de dólares que restan de aquí a enero, solo gracias a los DEG que giró el propio organismo.

Es una refutación contundente de que el problema del país sea la escasez de divisas. Si Martín Guzmán exhibía como una hazaña de este gobierno haber podido surfear las tensiones cambiarias sin romper su meta de devaluación (como sucedió con la inflación), se revela que en realidad lo que sucedió no fue otra cosa que un saqueo.

Las restricciones no resuelven nada, porque el meollo de la cuestión es la orientación excluyente de tender a un acuerdo con el Fondo. De hecho, al mismo tiempo el cepo es flexibilizado para que ramas dominadas por el gran capital como las petroleras o las automotrices puedan girar sus ganancias al extranjero, y en la última licitación de deuda volvieron a otorgar bonos linkeados al dólar. Mientras los trabajadores están en vilo ante una posible devaluación que impactaría de lleno sobre ingresos ya deprimidos, los capitalistas están cubiertos por varias bandas.

Se evidencia así que mientras hambrean a los jubilados y desocupados, y los salarios caen debajo de la línea de pobreza, Argentina sigue siendo hasta cierto punto muy rentable. La política de ajuste no obedece a una reacción circunstancial ante una situación apremiante, sino una orientación definida. El propio Miguel Pesce, presidente del Banco Central, reparó días atrás en que hay en el país 200.000 millones de dólares en billetes atesorados.

Es otra razón para rechazar de cuajo cualquier argumento acerca de que es necesario flexibilizar las condiciones de trabajo con una reforma laboral para revertir la huelga de inversiones y generar empleo. El problema no es el costo de la mano de obra (el cual de hecho está en el límite de subsistencia) sino el parasitismo de la clase capitalista, cuya sistemática fuga de capitales sacó a relucir la filtración de los Pandora Papers.

Para resolver la crisis cambiaria y recapitalizar al Banco Central hay que tomar entonces el rumbo contrario. Es necesario cortar de plano el saqueo que se opera por la fuga de capitales y el pago de la deuda externa, empezando por romper con el FMI y la nacionalización de la banca y el comercio exterior bajo control obrero. Tomando los resortes de la economía nacional sería viable un plan económico que invierta las riquezas en un desarrollo productivo y revierta la dependencia de los insumos industriales importados. Es una tarea reservada a la clase obrera; la burguesía nacional se demostró incapaz, porque actúa en función de su interés como socia menor del imperialismo y los pulpos multinacionales.

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