30/12/2020 | 1612
TRIUNFA LA LUCHA OBRERA

Aceiteros, una victoria que deja lecciones

En su día número 22, la huelga general aceitera tuvo un desenlace que sus trabajadores consideran una victoria por las conquistas salariales obtenidas. Y, en el concierto del movimiento obrero, su alcance es todavía mayor por muchos motivos.

El dato relevante es que el salario aceitero arranca el primer día de 2021 con un básico de 93.647 pesos, lo que la Federación Aceitera considera -con justa razón- la verdadera canasta familiar al día de hoy. La categoría máxima alcanza los 118.300 pesos. Si vemos que la línea de pobreza ya supera los 50.000 pesos, es claro que la verdadera remuneración de la fuerza de trabajo para sostener una familia tipo está hoy en esos valores.

De esta manera, esta gran huelga rescata un valor que ellos mismos habían defendido con 23 días de huelga hace cinco años y, más atrás, había puesto en la agenda nacional la gran huelga del Garrahan: el salario equivalente a la canasta familiar. Una reivindicación abandonada por completo por todos los sectores de la burocracia sindical, al igual que el 82% móvil y tantas otras. Y que, al mismo tiempo, es una bandera histórica de nuestro partido, que ha adoptado el Frente de Izquierda en sucesivas campañas políticas, como también el clasismo en distintos sindicatos.

En el plano industrial lo ha hecho el Sutna o en la docencia universitaria la AGD en la forma de la media canasta para el cargo testigo, que de acuerdo con la carga horaria es el equivalente a la canasta, cuando la dedicación es mayor. Casualmente, o no tanto, el Garrahan está en un proceso de paros y plan de lucha muy importante contra los topes salariales del gobierno peronista, que en el Estado está produciendo el mayor ajuste antisalarial.

El resto del acuerdo rescata cuotas pendientes de 2020 que se acercan a la posible inflación de este año, aunque pueda quedar algún punto por debajo, de acuerdo con lo arroje diciembre. Por otro lado, establece un 25% para 2021, pero con revisión en agosto. Lógicamente, en una expectativa inflacionaria como la que hay, por 40 o 50% para el año entrante, la revisión de agosto tendrá tal vez el mismo voltaje que ha tenido esta paritaria que desató tamaña huelga. Los trabajadores han defendido también un bono tradicional de fin de año y han impuesto un bono por pandemia (durante la cual fueron siempre esenciales) para aquellos compañeros que han trabajado efectivamente. Un tema que se informará en las asambleas es qué pasa con los días caídos, aunque parece difícil que haya resarcimiento. Objetivamente, el bono por pandemia, en cuotas, solo para los que trabajan y, por lo tanto, solo para los que estuvieron en huelga, sustituye los días caídos.

Un tema que surge de los niveles salariales conquistados es el impuesto al salario. Aceiteros reforzará su integración al lote de trabajadores que son confiscados cuando, justamente, llegan a una canasta familiar o se acercan a ella. Como lo ha planteado claramente el Sutna, el Mínimo no Imponible se acerca a la línea de pobreza y en 2021 puede ser mucho peor. Siderurgia, petroleros, aceiteros, Neumático, Smata, químicos, bancarios, son sectores que forman parte de los 2,5 millones de trabajadores confiscados para pagarle al FMI y a los especuladores de la deuda, entre otros subsidios a las patronales. Queda picando la pelota de articular una respuesta del movimiento obrero a partir de todos los afectados. Es otro aspecto de la redistribución regresiva de la riqueza y no al revés. Tiene el mismo sentido que el robo a los jubilados.

 

Los métodos de la huelga general

Un segundo aspecto donde el gremio aceitero vuelve sobre su historia es en el carácter de la medida de acción directa. Huelga general con piquetes en cada planta, que se desplegaron por decenas entre los 20.000 trabajadores involucrados, por un lado. Por otro, esta huelga sumó a Urgara, recibidores de granos y al Sindicato Aceitero de San Lorenzo, apartado de la Federación, que rompió en el pasado distintas luchas, totalmente integrado al kirchnerismo desde antaño y que admitió históricamente flexibilizaciones laborales que la Federación no aceptó.

El tema no es menor, en el cordón industrial de San Lorenzo, Timbúes y otras están varias de las principales plantas. El proceso en la base de aceiteros presenta una tendencia a la unidad combativa en una industria de enorme facturación. El salario aceitero representa entre un 2,5 al 5% de la facturación de estos pulpos, que incluyen a Cargill, Dreyfus, Molinos Río de la Plata, Aceitera General Deheza, Vicentin, la china Cofco, Terminal 6, entre otras.

La patronal declaró, en una profusa campaña, que perdió a razón de 100 millones de dólares diarios, lo que hace incomprensible su intransigencia si se mide el impacto salarial de los propios aumentos. Nadie duda, entre los obreros y las propias direcciones sindicales, que la intransigencia patronal tuvo todo el tufillo de una extorsión devaluacionista por parte de estos grupos cerealeros, que transmiten una presión general de todo el capital agrario, que sigue sin desmontar sus silobolsas que pueblan toda la geografía de la pampa húmeda de varias provincias del país.

El aumento del precio de la soja parece incentivar aún más las maniobras devaluacionistas de grupos que igualmente no se privan de triangular, como tampoco de la evasión y el contrabando por medio de los puertos privados que poseen en toda la zona del Paraná. Daniel Yofra, el secretario general aceitero, ha dicho que es sugestivo que estas huelgas agresivas se han dado justamente en 2015, en los finales de Cristina presidenta y ahora ante el gobierno de los Fernández. El concepto encierra muchas facetas, porque la presión patronal devaluacionista se da en dos momentos de cepo, de brecha y crisis cambiaria, donde el gobierno peronista, justamente, muestra sus límites para doblegar a los pulpos que siguen con el mismo sistema de los ’90.

El gobierno es impotente para establecer un monopolio del comercio exterior, un control de cambios, para nacionalizar los puertos, para dominar la comercialización de una industria de punta del país, como es la agroindustria, del mismo modo que al no dominar la banca, a cuya nacionalización le teme como a la peste, es incapaz de frenar la fuga de capitales. La tardía intervención del Ministerio de Trabajo en esta huelga, por un lado, dejó las manos libres a los trabajadores; por otro lado, mostró también la impotencia ante una patronal que a todas luces buscó resarcirse en el costo laboral de las retenciones que rechaza o pretende rebajar, aún con los descuentos establecidos por el gobierno. El gobierno nacional y ni hablar del provincial mostraron los mismos límites que tuvieron ante la quiebra de Vicentin.

El impacto en el movimiento obrero

La huelga tuvo alguna extensión en algunos días de medidas en gremios marítimos ligados a la actividad, pero esencialmente no fue acompañada por las diversas alas de la CGT ni por la CTA. En este último caso, resultó notable la completa parálisis de la central de centroizquierda, cuando varios de sus gremios, sino todos, estaban con algún tipo de conflicto, en primer lugar los médicos y profesionales de la salud, pero también Amsafe Rosario, ATE y un gremio menor de la salud (Siprus) que paró de 72 horas, todos los cuales rechazaron la paritaria de ajuste de Perotti.

El impacto de la huelga en la “paz social”, impuesta por la burocracia de todas las centrales, es acotado porque no hay intención de dirección sindical alguna de tomarlo como punto de apoyo para el resto del movimiento obrero, esencialmente por el  apoyo político a un gobierno que fomenta el ajuste contra salarios y jubilaciones, empezando por donde es Estado-patrón. Otros gremios portuarios, incluido el Somu, con planteos diferentes, pero todos de naturaleza salarial, han salido a reclamos con medidas. El proceso del complejo aceitero se integra a un cuadro de conjunto: se ha dado en distintas movidas de base en la UOM contra la paritaria de Caló, en Gálvez, en Siderca, en Aluar y otros puntos. Por otro lado, Gri Calviño resistió la destrucción del convenio en fábrica en la UOM de Quilmes de una manera heroica y ha logrado evitar la aplicación de la flexibilización que firmó la burocracia de Caló y el «Barba» Gutiérrez. Hemos reflejado en estas páginas las movilizaciones ferroviarias contra la paritaria de ajuste de la Unión Ferroviaria de Sassia. Otro tanto entre los telefónicos, que en medio de la pandemia realizaron caravanas importantes. Pero, por sobre todo, en los procesos de la salud en toda la Ciudad de Buenos Aires, en la provincia de Buenos Aires y en la mencionada lucha del Garrahan.

 

 

Otras luchas, como el paro de Bridgestone, que logró reincorporar dos compañeros despedidos, desde luego con el Sutna a la cabeza; o la del Parque de la Costa, luchando por la reapertura, completan un cuadro de reanimamiento, aún puntual y en algunos casos de sectores de activistas, pero que cuando no se ha superado la pandemia y todas sus restricciones, está marcando las tendencias con las que termina este durísimo 2020. No se nos escapan los fuertes golpes recibidos, como el cierre de Latam, a pesar de la tenaz lucha de los compañeros, o a las 2.500 familias reprimidas en Guernica, pero son también batallas que van preparando otras nuevas.

En ese sentido, la movilización del clasismo del día 18, organizada a partir de un plenario en Pilar convocado por el Sutna, tuvo una importancia estratégica: marcar un rumbo mediante un programa de conjunto, de reivindicaciones, de denuncia del pacto entre la CGT, las CTA, las patronales y el gobierno y del acuerdo que se trama con el FMI, la madre de todos los ajustes. Desde ese lugar, el planteo -por ahora en un plano propagandístico- del paro nacional, crecerá en su vigencia según el desarrollo de la lucha de clases en 2021 que empieza. Así lo marcó también la conferencia de prensa frente al Congreso de las dirigentes del Plenario del Sindicalismo Combativo, cuando en el hemiciclo de Diputados se empezaba a discutir el nuevo robo histórico a los jubilados y a 18 millones de beneficiarios en total. El año 2020 termina con luchas, con algunas victorias como Aceiteros, Bridgestone y el triunfo gigante del aborto legal, que debemos capitalizar, organizar y extenderlas para llevarlas a la victoria de cara al 2021.

 

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