Universidad

26/10/2026

Agronomía-UBA: continuidad de los convenios con empresas contaminantes y del carnereo de los paros universitarios

Acerca de las elecciones del decanato.

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La decana Adriana Rodríguez fue reelecta

Durante la semana pasada se celebraron las elecciones de decanato de la Facultad de Agronomía de la UBA que dieron como resultado la reelección de la actual decana Adriana Rodríguez junto con su vicedecano Flavio Gutiérrez. Su reelección se da en un contexto de un ajuste brutal a la universidad pública donde las consecuencias de las políticas de ofensiva a la educación son más tangibles que nunca, y es en ese marco que el decanato no sólo no contribuyó a las acciones de lucha en defensa de la educación en casi todo el año, sino que garantizó la apertura de la facultad cada vez que hubo paro no docente para asegurar el dictado de clases, incluso dando clases las mismas autoridades, debilitando enormemente las medidas de fuerza del sindicato, algo que es todavía más alarmante porque obstaculiza también la capacidad de acción de la comisión interna no docente recientemente recuperada de la burocracia.

Actualmente, en la Facultad de Agronomía renunciaron más de 100 docentes e investigadores (casi un 15% de la planta), cerca de 30 trabajadores no docentes y hubo al menos 40 renuncias anticipadas, y los recursos propios suponen el 67% del presupuesto con el que cuenta la casa de estudios a día de hoy para mantener sus puertas abiertas.

La gestión de Adriana entre el 2022 y el 2026, la continuidad histórica del ajuste en Agronomía

Adriana Rodríguez, actual profesora de la cátedra de Forrajicultura, asumió el decanato de la Facultad de Agronomía tras las elecciones de 2022, como resultado de una alianza política que logró articular los votos de los consejeros del claustro de profesores identificados con el kirchnerismo y el respaldo de la mayoría del claustro de graduados, representado por La Cámpora. Su gestión desde ese momento presentó los rasgos característicos de una conducción de orientación peronista, expresados en su posicionamiento político e institucional. Propio de toda gestión progresista, la decana convocaba demagógicamente a diversos actos conmemorativos y emitía pronunciamientos en defensa del ambiente a pesar de dar luz verde a convenios contaminantes. En el marco del conflicto universitario y el ataque de Milei, la gestión apostó a montar una imagen de resistencia frente a las políticas de ajuste presupuestario, impulsando iniciativas como reuniones interclaustros, charlas informativas y clases públicas encabezadas conjuntamente por la decana de Agronomía y el decano de la Facultad de Ciencias Veterinarias.

Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. La gestión de Adriana y Flavio estuvo atravesada por medidas que implicaron recortes y retrocesos enormes en la calidad educativa y de trabajo dentro de la facultad: las autoridades avanzaron en las reformas regresivas de los planes de estudio de las tecnicaturas en Jardinería, Floricultura, Turismo Rural y Producción Vegetal Orgánica el 2023 llegando a recortar hasta 600 horas de contenido, a la par que eliminaron la elección democrática de delegadxs estudiantiles de dichas carreras; intentaron cerrar las salas de 3 y 4 años del  jardín Agronomitos (el jardín exclusivo de trabajadores y becarixs de Fauba); dieron fin los comodatos de las viviendas de la Fauba hacia fines de 2022, que derivó en la expulsión de 15 familias de trabajadores no docentes; y la falta de un comedor universitario, consecuencia de la decisión política de no adecuar las instalaciones de gas durante las obras de remodelación del Ceaba (Centro de Estudiantes) en 2023 en complicidad con la agrupación Fana.

A estas medidas se suma la progresiva adaptación al ajuste presupuestario, que llegó al punto de promover campañas de donaciones de empresas privadas y particulares para afrontar los gastos de funcionamiento de la Facultad, aumentando la influencia de los capitales privados dentro de Fauba, dando pie a la modificación de contenidos en los planes de estudio y a orientar las líneas de investigación desarrolladas por las cátedras en función de intereses empresariales, así como también llevando a desplazar la responsabilidad del Estado en el financiamiento de la educación universitaria.

Otro hecho que se sostuvo a lo largo de todas las gestiones y que desde Abriendo Caminos denunciamos enérgicamente son los convenios que sostiene la Facultad de Agronomía con empresas contaminantes (AgroBayer, Monsanto, Atanor, Arauco, Syngenta). Entendemos que es un hecho gravísimo que la facultad sostenga estos acuerdos con empresas que hacen de la contaminación ambiental su negocio, no solo por las consecuencias socioambientales de los productos que estas empresas elaboran de la mano de nuestra facultad. Sino porque, también les da a estas empresas la capacidad de influir en los contenidos que se dictan dentro de la facultad, como se vio en la reforma de plan de estudios del 2009 para la ingeniería agrónoma donde, por influencia de estas mismas empresas, se desplazó la materia de agroecología que originalmente era obligatoria en la carrera, para pasar a ser una optativa.

En este punto es fundamental comprender que estos hechos no constituyen episodios aislados ni exclusivos de las gestiones peronistas, sino que se inscriben en una continuidad histórica de políticas de ajuste, desinversión y ataque a las condiciones de cursada. Esta continuidad se expresa en una serie de problemáticas que persistieron a lo largo de las distintas gestiones, tales como la falta de iluminación en las calles de la facultad, la inseguridad persistente dentro del predio y los robos tanto a personas como a los pabellones a causa de la falta de personal no docente y salarios dignos para el mismo; la ausencia de obras de infraestructura que permitan recuperar espacios fundamentales de la facultad, como es el caso del pabellón de dasonomía cerrado hace más de dos años por la ruptura del techo durante una tormenta; el cierre de los caminos a la estación Arata y  la calle Zamudio.

Por la democratización de la universidad

A la par que se profundiza la crisis de las universidades, el Consejo Directivo tiende a homogeneizarse más para facilitar el avance del ajuste. Actualmente el claustro de profesores está conformado por una única lista afín a la decana y el vicedecano, el claustro de graduados se encuentra encabezado casi en su totalidad por La Cámpora, que en esta ocasión se quedó muy cerca de alcanzar lxs 4 consejerxs (a pesar de la participación de solo el 15% del padrón electoral) y la minoría estudiantil, representada por el Fana, que sostiene su seguidismo a la gestión. La oposición dentro del consejo y presidencia del Ceaba (la LAI) no hizo más que proponer a un decano propio cercano a la Sociedad Rural, pero no se trata nada más que de una propuesta derechista para hacer crecer su influencia en la facultad, sino que apuntaba a una mayor adaptación al ajuste de Milei, como se vio con Fernando Vilella, ex decano de la Sociedad Rural que fue nombrado ministro de Agricultura y Ganadería durante los primeros meses de gobierno de Milei. Cabe destacar la ausencia total de la LAI como presidencia del centro de estudiantes en todas las medidas de lucha y reclamos estudiantiles que desde ya pone una traba en la disputa por la defensa de la universidad pública.

No hay duda que la elección de decana no va a significar ningún cambio en la política que se da la facultad frente a la ofensiva del gobierno. Esta reelección solo va dar pie a más ajuste, reformas de planes de estudio a la medida del SACAU (como ya está pasando en Sociales) y una prolongación de la tendencia privatista de la mano de convenios y “donaciones de privados”. Esto solo es posible de la mano de un consejo que subrepresenta a lxs estudiantes a la par que sobrerrepresenta a lxs profesorxs, donde no existe un claustro único docente y  los no docentes no tienen participación real en la toma de decisiones  Lxs estudiantes y trabajadorxs  necesitamos que el órgano de cogobierno de la facultad sea verdaderamente democrático para romper con esa orientación y construir una facultad que dé respuesta a las exigencias de la comunidad educativa e impida el avance del ajuste, y  para eso necesitamos superar por abajo las limitaciones de las conducciones burocráticas de los centros de estudiantes y las agrupaciones que transan con las autoridades, solo así vamos a derrotar las reformas regresivas de los planes de estudio, los convenios con empresas contaminantes y todos los atropellos.

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