Internacionales
2/9/2026
La batalla de Donald Trump en el mercado de bonos de deuda suma otro fracaso
La suba de las tasas de interés están revelando la insolvencia de los Estados.
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La recompra de bonos que ordenara el secretario del Tesoro norteamericano Scott Bessent (por la que el emisor se transforma en comprador) alertó a los mercados las dificultades que enfrentan con los actuales niveles de tasas, para renovar los vencimientos de una deuda que ya supera los 40 billones de dólares y sigue creciendo con mayores déficit y renovaciones de deuda.
A esa intervención se sumó el esperado discurso del nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, en una reunión en Jackson Hole en la que anunció que su prioridad es reducir la inflación y sugirió que una rebaja de tasas de interés por ahora está postergada -de hecho no las modificó. Un golpe en la mandíbula de Donald Trump, que fue quien lo eligió para que redujera las tasas, luego de descalificar y humillar al anterior presidente de la FED por no hacerlo.
Las declaraciones de Warsh fueron además una señal de que no estará sometido a las pretensiones del presidente Trump. Su prioridad es controlar y reducir los niveles inflacionarios. La respuesta del mercado fue una caída de precios en Wall Street y los bonos.
Luego se sumaron nuevos intercambios de misiles en el Golfo Pérsico entre Estados Unidos e Irán que impulsaron nuevas subas en los precios del petróleo, principal causante de la suba de los combustibles y la inflación.
El fracaso de Scott Bessent, una señal preocupante
Scott Bessent intervino en el mercado de deuda tirando un balde de agua a un incendio que no para de propagarse. Su intento de reducir las tasas de interés comprando deuda fracasó: las tasas actualmente están en un nivel superior luego de su intervención, y deja la impresión que no hay plan B. Los analistas dijeron que debe actuar en reducir el déficit y el endeudamiento del Estado, no vender bonos.
La escalada de las tasas de la deuda se ha extendido a los países imperialistas, todos con alto nivel de endeudamiento. Según Financial Times “el aumento de los rendimientos de los bonos mundiales desde que comenzó la guerra entre Estados Unidos e Irán en febrero ha elevado el coste de los préstamos para las mayores economías desarrolladas del mundo en decenas de miles de millones de dólares”.
Scott Bessent ya participó junto al gobierno de Japón en intentar revaluar su moneda, mediante la compra de yenes en el mercado. Tampoco logró su objetivo de fortalecer la moneda japonesa. Se sigue devaluando luego de su intervención.
Recordemos que el Secretario del Tesoro realizó un préstamo de última hora para evitar un impago de la deuda al gobierno argentino de Javier Milei (lo que revela la falsedad que publicita acerca del déficit cero).

Desde la crisis financiera de Japón los bancos centrales compran la deuda que emite el propio Estado
Las devaluaciones del yen pueden quebrar el “carry trade”, financiarse con deuda en yenes que usan fondos para financiar compras de activos de mayor rendimiento como los bonos del Tesoro; el auxilio ante la precariedad del gobierno de Milei que requirió un préstamo de emergencia para evitar que el “mejor alumno” de las políticas de Trump fracase y produzca un default que se extienda por los mercados.
El Tesoro estadounidense “tiene que refinanciar 6 billones de dólares de deuda cada tres meses en un mercado cada vez más escéptico, además de emitir 2 billones de dólares de nueva deuda anualmente para cubrir el peor déficit estructural en la historia de Estados Unidos en tiempos de paz”. El comentario es de un especialista en finanzas internacionales, y pone al descubierto el momento que está atravesando el mercado de deuda global.
Las actuales intervenciones de las autoridades financieras son un intento por mitigar el resultado de un endeudamiento creciente, acentuado desde la crisis financiera de 2008. Así, el mismo Estado que emite deuda la compra a través del banco central. El primero en implementarlo fue Japón, y luego todos los bancos centrales siguieron ese ejemplo.
Luego del derrumbe del mercado inmobiliario y de la bolsa en 1989, y ante la falta de compradores, para estabilizar el mercado de deuda el banco central de Japón comenzó la compra de los bonos de deuda que emitía el Tesoro. Entre 1989-1990 la bolsa perdió más del 60%, y los precios inmobiliarios cayeron hasta un 80% en los años siguientes. El Banco de Japón, que tras bajar las tasas a cero no logra reactivar la economía, inventó la flexibilización cuantitativa (QE): consistente en comprar masivamente bonos del gobierno japonés en el mercado secundario. Era, en la práctica, el Estado comprándose su propia deuda a través de su brazo monetario.
Desde 2013 en adelante (Abenomics) la compra se amplió a niveles sin precedentes: el Banco de Japón llegó a poseer más del 50% de todos los bonos emitidos por el Estado japonés, y su balance superó el 130% del PIB del país.
Este fue el primer gran caso de compra de deuda a gran escala en una economía imperialista. El Estado paga intereses al banco central y este devuelve esos intereses al Estado. Un círculo cerrado donde la deuda nunca se paga, solo se recicla. Funcionó mientras las tasas eran cero. Al subir las tasas, el costo de esa deuda se ha vuelto impagable y originó la crisis actual.
En la crisis del 2008 la Reserva Federal estadounidense, para evitar una cadena de quiebras bancarias, les compró bonos desvalorizados, les otorgó préstamos y bajo las tasas de interés.
Hoy la Reserva Federal no podría hacerlo. No tiene la capacidad de bajar las tasas al 1%, porque hacerlo dispararía la inflación como dijo Warsh en su reciente discurso. Tampoco puede valorizar los bonos en posesión de los bancos; lo intentó el secretario del Tesoro y no logró subir su precio ni reducir las tasas.
Tampoco puede implementar los diversos planes de salvataje del sistema financiero. La suba de las tasas de interés están revelando la insolvencia de los Estados, y los mercados no confían en su capacidad de intervención.
Durante la crisis de 2008 la Reserva Federal lideró un rescate global de los bancos y el mecanismo de compra de bonos implementado luego por el resto de los gobiernos imperialistas transformó a los bancos centrales en los principales compradores de la deuda que emite el Estado. Esa política trasladó la insolvencia de los bancos al Estado.
Hoy el Estado no tiene la capacidad de reducir las tasas de interés ni salvatajes del sistema financiero. Lo que luego de 2008 se llamaba el “vuelo a la calidad” (fligth to quality), cuando en cada oportunidad que la Reserva Federal implementaba una intervención, los bonos subían y bajaban las tasas. Hoy ocurre lo contrario, ¡la intervención en el mercado sube las tasas!
Fue un salvataje del sistema bancario y también el medio para financiar al Tesoro, que no tenía compradores para los bonos de deuda que emitía.
Los bancos centrales fueron los principales sostenes de la deuda soberana. Una política que se “normalizó” desde 2008 pero la actual suba de tasas revela que se agotó. Los bancos centrales han dejado de ser los principales compradores, reducen sus tenencias de bonos del Tesoro norteamericano. China pasó de poseer en 2013 1,3 billones a 0,7 billones en 2026; Rusia vendió toda su tenencia; Japón estuvo reduciendo su tenencia (es el mayor poseedor) para hacerse de dólares e intentar frenar la devaluación de su moneda. Los bancos centrales comenzaron a comprar oro desde 2008 como reserva, el balance neto de compras y ventas paso a ser positivo.
Los bancos centrales no logran estabilizar el mercado de deuda luego de compras masivas desde la crisis financiera de 2008.
Japón: el Banco de Japón ya compró la mitad de la deuda emitida por el Tesoro y también compra fondos de acciones para sostener los precios de la bolsa.
Estados Unidos: la Reserva Federal implementó diversos planes desde la crisis del 2008 (QE1, QE2, QE3). En 2008 tenía en su balance menos de 0,5 billones y en la actualidad supera los 4,5 billones, multiplicó por nueve veces las tenencias.
Reino Unido: Banco de Inglaterra, desde 2009 compra la deuda emitida por el Estado (Asset Purchase Facility) y actualmente tiene en su balance un 35% del total.
Eurozona: el Banco Central Europeo realiza compras de activos de los diversos estados miembros desde 2014. Ya posee aproximadamente el 30% de la deuda emitida mediante el llamado PSPP (Programa de compras de valores del sector público).
Canadá: el Banco de Canadá implementó su programa de compras 2020 y posee el 25% de la deuda emitida.
La mayoría de los bancos centrales tienen prohibido comprar bonos directamente al Tesoro. Pero el mecanismo lo revela el Banco Central Europeo, que compra en el mercado secundario. En la práctica, el mercado sabe que el comprador final es el Estado, el efecto es idéntico: el Estado se financia a sí mismo. El Tratado de Lisboa (artículo 123.1) prohíbe al BCE financiar a los Estados, pero lo hace por la vía del mercado y no directamente al emisor. Y el resultado es que actualmente el BCE tiene activos en su balance por 1,97 billones de euros.
Es un ejemplo que aplica en Argentina, con la forma de sortear las prohibiciones de compras directas de deuda al emisor (Tesoro) que se encuentra en el proyecto de Carta Orgánica del BCRA. En América Latina también los bancos centrales financian al Tesoro. En Argentina el BCRA ha financiado históricamente al Tesoro directamente (adelantos transitorios, ganancias contables ficticias, etc.), pero ahora dicen que por ley estará prohibido.
La reforma de la Carta Orgánica del BCRA en debate en el Congreso, aunque se ha publicitado lo contrario, deja un puerta abierta para hacerlo en el mercado secundario. Los que compren bonos de deuda saben que tienen al BCRA como comprador para sostener el precio.
Hay una continuidad de las intervenciones de la mesa de dinero en el mercado de futuros de dólar y en el mercado de bonos. Ámbito Financiero dice que “el proyecto (de reforma) le permite (al BCRA) intervenir en los mercados mediante operaciones con títulos públicos, divisas y otros activos financieros, siempre bajo condiciones de mercado, con el objetivo de regular la política monetaria, cambiaria, financiera y crediticia”.
“Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”, rezaba G. T. di Lampedusa en El Gatopardo.

Los países imperialistas exportan “riesgo país”
El derrumbe de los bonos originado en la deuda de los países imperialistas se intensificó desde las compras de Scott Bessent, y su intervención actuó como una bandera de “largada” de ventas de bonos, generando una alarma generalizada en el Reino Unido, Japón, Europa y Estados Unidos.
Las crisis financieras han sido uno de los principales destinos de la deuda, como la de 2008. Demócratas y republicanos han bajado impuestos (Bush y Trump), por lo que aumentaron los déficits. Obama y Biden prorrogaron esas reducciones. Luego las guerras (Afganistán, Irak, Ucrania, Irán, Gaza) fueron aumentando el endeudamiento, con emisión de bonos. En 2008 la deuda era de 62,7% del PBI, y desde allí creció hasta alcanzar 122,6%.
La suba de tasas de la deuda se origina en los países imperialistas, “todos con alto nivel de endeudamiento”, y se traslada a la periferia. Según una investigación de Financial Times el aumento de los rendimientos de los bonos mundiales desde que comenzó la guerra entre Estados Unidos e Irán en febrero ha elevado el coste de los préstamos para las mayores economías desarrolladas del mundo en decenas de miles de millones de dólares”
Estados Unidos exporta su crisis al resto del mundo mediante el “riesgo país”. Las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos son la base para el cálculo del “riesgo” de los bonos soberanos de cada país, y las proyecciones de los especialistas son nuevas subas. “La venta masiva de bonos a nivel mundial se acentuó el martes, elevando los costes de endeudamiento del Reino Unido a su nivel más alto desde 2008 y los de Japón a máximos no vistos desde la década de 1990, a medida que los inversores apuestan a que los bancos centrales acelerarán el ritmo de las subidas de los tipos de interés” (FT, 1/9).
El seguimiento a rajatabla de las políticas de Trump por parte del gobierno de Milei es similar a navegar en el Titanic. El imperialismo no encuentra salida a su crisis de endeudamiento, a la que suma su intervención bélica en Ucrania e Irán. Es una crisis de endeudamiento global, que el imperialismo esparce por el sistema monetario basado en el dólar.
Solo la ruptura con los organismos como el FMI y el repudio de la deuda externa fraudulenta permitirá revertir la política económica que ha generado un derrumbe de la actividad económica y un empobrecimiento general de los trabajadores.




