Internacionales
7/2/2026
Los archivos Epstein evidencian la podredumbre de los magnates capitalistas de todo el mundo
Trump involucrado en la red de trata del especulador financiero. Entretanto, la crisis política y social en Estados Unidos escala.
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Trump y Epstein en los 90'.
En medio de la crisis política y social que transcurre actualmente en Estados Unidos por la guerra declarada del gobierno de Trump a los trabajadores migrantes del país, se culminó oficialmente el proceso de desarchivo del caso Epstein votado casi por unanimidad por las dos cámaras del Congreso yanqui. Más allá de que la ley sanciona la desclasificación total de la información contenida, unas 6 millones de páginas, solo han visto la luz poco más de la mitad.
A pesar de las las innumerables maniobras de Trump y sus esbirros, la jefa de fiscales Pam Bondi y su adjunto el exabogado del magnate ToddBlanche, el magnate no ha podido evitar quedar absolutamente implicado, no solo por testimonios de víctimas que lo acusan de ser “consumidor” de la red de trata del especulador financiero Epstein, sino por el hecho de que parte de la captación de las víctimas tenían como centro su principal residencia en Mar-a-Lago. Esto ha generado un auténtico terremoto en el rejunte de trogloditas llamado MAGA, que vendían a Trump como un mesías que venía a limpiar el “Estado profundo” y terminó siendo un fiel integrante del mismo, que puso el aparato de este Estado al servicio del encubrimiento y la impunidad. El último episodio de esta crisis fue la dura derrota de los republicanos en las elecciones locales en un bastión en Texas.
Pero la crisis política no solo salpica a Trump. Parte de la crema y nata de la burguesía yanqui y sus personeros aparecen implicados en estos archivos, no solo por escándalos sexuales sino también por presuntas maniobras financieras, como Bill Gates o Jamie Dimon de la JP Morgan. También está el neo-nazi Elon Musk, que luego de su ruptura con Trump se rasgó las vestiduras con el caso Epstein y ahora aparecieron mails suyos rogando ser invitado a las nefastas fiestas en la isla privada.
Del otro lado del Atlántico no solo volvemos a encontrarnos con el “príncipe pirata” Andrés de Inglaterra, otra vez acusado de delincuente sexual, sino también con cables a capos de bancos suizos y alemanes (con especial centro en el Deutsche Bank) en los que se ve la sistemática desestimación de alertas financieras sobre lavado de dinero; lo que ha despertado una verdadera ola de auditorías en toda Europa. A todo esto se suma la fuerte pero nada sorprendente sospecha de que Epstein sería parte del financiamiento de movimientos fascistas en Europa como el de Marine Le Pen en Francia o de Matteo Salvini en Italia.

Por otro lado, de las casi 2,4 millones de páginas que la jefa de fiscales Pam Bondi retiene a pesar del mandato del Congreso, se sospecha que existen los nombres de quienes han garantizado la impunidad no solo de Epstein, si no también de todas las relaciones beneficiarias de esta podredumbre. Además de las sospechas fundadas de donaciones de empresarios europeos a las campañas de políticos estadounidenses.
También apareció el debate sobre el rol del Mossad en todas las operaciones de Epstein, derivado de algunas investigaciones del propio FMI. El mismo Estado que bombardea niños palestinos podría ser el que utilizaba niñas de la clase trabajadora estadounidense para montar una infraestructura de “trampa y chantaje” contra empresarios y políticos.
Un párrafo aparte merece el nuevo acto de violencia que se ha cometido sobre muchas víctimas, con la publicación de fotos brutales de ellas, muchas veces sin censura y sin ningún tipo de autorización. A esto se suma el no acompañamiento por parte del mismo Estado que garantiza la impunidad de sus agresores.
A pesar de que los documentos publicados están mezclados con denuncias de teorías conspirativas hechas por ciudadanos estadounidenses al FBI para confundir y generar ruido en la información valiosa y las pruebas, las ya de por sí super sesgadas revelaciones muestran la impunidad de la que gozan estos oligarcas al frente de los resortes de sus Estados, que mientras llevan a cabo vidas de perversión nos quieren convencer (de manera no menos perversa) de la necesidad de que nuestras vidas sean peores para que ellos puedan embolsarse ganancias y privilegios cada día más obscenos.
Todo esto golpea la línea de flotación de un gobierno que se ha destacado por divulgar teorías conspirativas, por ejemplo contra los demócratas (Qanon, Pizzagate), y que busca avanzar en una militarización del país para emprender sus planes de guerra imperialista por el mundo, tildando de criminales a vastos sectores de su población y a numerosos gobiernos extranjeros.
Es es una necesidad cada día más evidente para los trabajadores del mundo terminar con la clase social a la que pertenecen los Epstein, los Trumps y todas estas lacras que no ven en los trabajadores, la abrumadora mayoría de la humanidad, no más que meros objetos de uso, sea para que los hagamos más ricos en trabajos en los que se nos va la vida, para que muramos en sus guerras con otros oligarcas, o como en este caso para satisfacer sus peores perversiones.




