Juventud
29/7/2026
La juventud choca con Milei
Uno de cada cuatro jóvenes que apoyaba a Milei dejó de hacerlo solamente en el mes de julio.

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Encuestas recientes muestran un fuerte retroceso del apoyo juvenil a Milei, especialmente entre los sectores populares. Uno de cada cuatro jóvenes que lo apoyaban dejó de hacerlo solamente en julio. Las promesas de las "Fuerzas del Cielo" se transformaron en un infierno para la juventud: precarización laboral, endeudamiento, ajuste, violencia de género.
Las tomas a fin del cuatrimestre pasado en escuelas secundarias no fueron un hecho aislado. Llegaron después de las grandes movilizaciones universitarias en defensa de la educación pública y de la reaparición del movimiento de mujeres el 3J. Una generación que había sido una base central del mileísmo hace su experiencia y saca conclusiones.
Yendo a los números, la imagen de Javier Milei cayó un 25,1% en lo que va del año, y solamente en julio retrocedió un 23% entre los jóvenes de 18 a 29 años: uno de cada cuatro jóvenes que lo apoyaba dejó de hacerlo. El desgaste es todavía mayor entre los jóvenes de los barrios populares y el Gran Buenos Aires, donde el ajuste golpea con más fuerza (El Destape, 28/7).
Entre los jóvenes de 16 a 24 años que hoy manifiestan intención de votar a La Libertad Avanza, el 63% son varones y apenas el 37% mujeres (Estudio CIAS, julio). No es un dato menor. Las mujeres jóvenes vienen rompiendo con el gobierno a un ritmo mayor, en un proceso que se relaciona con el protagonismo que adquirieron en las luchas contra la violencia de género, los ataques a los derechos conquistados y el ajuste sobre la educación.
En conjunto, Milei cosecha un 60% de imagen negativa. En otras palabras, está cuestionado que gane un ballotage.
La experiencia con Milei
Las encuestas no expresan simplemente un cambio de humor. Reflejan una experiencia social cada vez más dura. La generación que fue interpelada por las promesas libertarias de ascenso individual, meritocracia, ataque a la "casta" y dólares se encuentra hoy con un mercado laboral devastado, salarios de pobreza, imposibilidad de independizarse y una creciente dependencia del endeudamiento para llegar a fin de mes.
Los datos del Banco Provincia son elocuentes. Entre los jóvenes de 18 a 21 años que tomaron algún tipo de deuda, nueve de cada diez ingresan antes en mora que al mercado laboral. Es decir, primero te endeudas, después conseguís trabajo. Dicho de otro modo, ahora si conseguís empleo trabajas para pagar deudas. Pero el 92% de quienes están en mora (se atrasan en un pago) no posee empleo registrado en relación de dependencia ni monotributo. Cuatro de cada diez jóvenes que tomaron un crédito ya no pueden pagarlo (Banco Provincia, 29/6).
Es una radiografía de la Argentina de Milei. El crédito dejó de ser un instrumento para financiar proyectos a futuro y determinados consumos, y pasó a reemplazar ingresos que ya no alcanzan para vivir. Las billeteras virtuales (Mercado Pago, Ualá, etc.) profundizan esta tendencia: allí la morosidad supera en un 10% a la registrada por los bancos tradicionales, extendiendo las cadenas de la deuda a sectores cada vez más amplios.
Entre los deudores de 15 a 29 años, el 24% ya es considerado irrecuperable, aunque los préstamos iniciales ronden los $300.000. Incluso plataformas como Rappi convierten el trabajo precario en otra puerta de entrada al endeudamiento. A los que pedalean más de 10 horas por día les habilitan préstamos, obvio, impagables, con tasas de interés que pueden llegar al 700%, para encadenarlos a las bicicletas.
La precarización atraviesa todos los aspectos de la vida juvenil. El 40% de los jóvenes de entre 18 y 29 años se encuentra en situación de vulnerabilidad. De este segmento, dos de cada diez no estudian, no trabajan ni buscan empleo; el 75% tiene empleos precarios; el 60% afirma que sus ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas; y el 85% considera que estudiar mejoraría sus oportunidades, pero no pueden hacerlo por falta de recursos (Informe UBA y Página 12, 28/7).
La posibilidad de construir un proyecto de vida independiente también se aleja. La canasta de emancipación calculada por el Centro de Investigaciones Sociales de la UADE alcanzó los $1.321.651 mensuales, un 47% por encima del salario promedio joven, que ronda los $900.000. Trabajar, incluso en las mejores condiciones ("en blanco" y bajo relación de dependencia), no garantiza acceder a una vivienda, formar una familia o proyectar un futuro.
En los barrios populares el panorama es todavía más dramático. El 40% de los hogares debió reducir la cantidad o la calidad de los alimentos que consume (La Nación, 25/7). No casualmente, es allí donde más rápidamente cae el apoyo al gobierno. La experiencia cotidiana del ajuste empieza a erosionar las ilusiones que Milei supo construir entre amplios sectores juveniles.
De la desilusión a la lucha
La ruptura con el gobierno encuentra distintos canales de expresión. El primer gran punto de inflexión fueron las movilizaciones universitarias. Luego irrumpió el movimiento de mujeres el 3J con el caso de Agostina, y hoy ese proceso encuentra una nueva expresión en el movimiento estudiantil secundario.
Las tomas del Colegio Nacional de Buenos Aires, Carlos Pellegrini, Rogelio Yrurtia, Lola Mora y Nini Marshall, junto con las acciones en secundarias de Lanús, Ensenada, San Isidro, Tigre y otros distritos del conurbano, no son conflictos educativos aislados. Expresan un choque creciente entre una juventud que había sido una base importante del mileísmo y las consecuencias concretas de su política.
El activismo tiene más espacio para actuar, y la izquierda para disputar el proceso, ya que se ponen a prueba las direcciones estudiantiles vinculadas al peronismo y radicalismo, que buscan contener los conflictos dentro de los límites institucionales. Frente a esa orientación, la izquierda y los sectores independientes nos jugamos a fondo por asambleas, tomas y la acción directa como herramientas para desarrollar la movilización.
No casualmente, distintas encuestas registran un crecimiento de la imagen del Frente de Izquierda en paralelo a la crisis del gobierno y al desgaste de una oposición que, desde el Congreso y los gobiernos provinciales, garantizó aspectos centrales de la gobernabilidad libertaria.
Este activismo juvenil también se fortalece participando de las luchas populares como el Garrahan, el Inti, Fate y el Sutna, buscando confluir en una pelea general contra el plan de Milei.
¿Puede la juventud destrabar la situación política?
El choque creciente de Milei con los jóvenes abre un interrogante estratégico. Ante la ofensiva brutal del gobierno y los capitalistas contra las masas populares, ¿puede la juventud convertirse en el factor disruptivo que desate una respuesta más general de la clase obrera? Creemos que sí.
Pero no es una posibilidad exclusivamente argentina. La Generación Z viene protagonizando importantes procesos de lucha en distintos países: fue parte central de las movilizaciones que derribaron gobiernos en Bangladesh y Nepal, recientemente al ministro de Educación en India; del levantamiento boliviano y las primeras acciones de masas contra el facho de Kast en Chile, de las huelgas generales italianas contra el genocidio en Palestina; y es la base militante de las tendencias de izquierda que despuntan en Estados Unidos.
Jugándonos a fondo por esa perspectiva, vamos a preparar una gran acción el 6 de agosto contra la ley de entrega de tierras y por asambleas que voten planes de lucha al reinicio de las clases en los lugares de estudio. También a impulsar con toda la campaña hacia el Encuentro Nacional de Mujeres y Diversidades, mientras insistimos en la puesta en pie de comités unitarios del Frente de Izquierda y nos formamos en grupos de debate del Manifiesto del Partido Obrero. Sin lugar a dudas, allí estaremos uniendo fuerzas en cada lucha obrera y popular.




