Provocación oficial

En la ex ESMA, Alberto Fernández elogió a la patota de la Uocra que actuó en Lago Puelo

En un acto conmemorativo del 24 de marzo, reivindicó a quienes atacaron la movilización contra la megaminería en el marco de la visita presidencial.

El presidente junto a los dirigentes de la CGT en el acto oficial.

Nada menos que en un acto oficial realizado en la ex ESMA, convocado como un «homenaje a trabajadorxs detenidxs desaparecidxs», Alberto Fernández se despachó con un halago a la patota de la burocracia de la Uocra que en la localidad chubutense de Lago Puelo atacó a manifestantes que se habían concentrado para expresar a la comitiva presidencial el rechazo popular al intento de entregar la provincia patagónica a la megaminería contaminante.

En su discurso, el presidente sostuvo que «en Lago Puelo a un grupo muy chiquito de enloquecidos se le ocurrió tirar piedras, y había un grupo de compañeros militantes de la Uocra que en el acto fueron estigmatizados por enarbolar la bandera de un sindicato. Ahora, ¿quiénes fueron más antidemocráticos?».

Fernández había viajado al noroeste de Chubut en el marco de la crisis desatada por los voraces incendios que asolaron la región, consumiendo miles de hectáreas de bosque en la Comarca Andina, una situación que evidenció la desidia de los gobiernos provincial y nacional. Fue en ese marco que la población de la localidad se concentró para manifestarse al paso de la combi en la que iba el presidente, y fue atacada por una patota liderada por la dirección del sindicato de la construcción.

Esta defensa del accionar patoteril de la burocracia sindical debe ganarse el repudio de todos los organismo de derechos humanos. A nivel nacional, la Uocra es conducida por Gerardo Martínez, un colaborador de los genocidas del «Batallón 601» que operaba durante la dictadura. Forma parte de la cúpula cegetista que entregó a destacados luchadores obreros a las garras de la represión. El método de las patotas, a su vez, se cobró la vida de decenas de trabajadores en estas décadas de democracia, como fue el caso del trabajador de la construcción Darío Ávalos en Lomas de Zamora, asesinado por un grupo de choque de la Uocra cuando reclamaba con sus compañeros contra despidos frente a una obra.

La lucha popular que siguió al crimen de Mariano Ferreyra en 2010 también mostró los vasos comunicantes de estas mafias sindicales con el Estado y las patronales. La entonces presidenta Cristina Kirchner había reivindicado semanas antes a la misma burocracia de la Unión Ferroviaria como un exponente del «sindicalismo que construye», y aleccionado a La Cámpora de no cometer el «error» de los ’70 de separarse de la Juventud Sindical -que colaboraba con la Triple A. Lo del actual mandatario no es un desliz, sino una viga maestra de un régimen que busca maniatar al movimiento obrero con un «pacto social» en medio de un empobrecimiento generalizado de los trabajadores.

Alberto Fernández se valió así de un acto conmemorativo por el golpe de Estado para insistir en la criminalización de la protesta y condenar la lucha del pueblo chubutense contra la megaminería, en sintonía con los allanamientos y detenciones que el gobernador Mariano Arcioni desplegó contra activistas de la región. Es decir que esta provocación presidencial está al servicio de preparar una nueva embestida para sancionar la zonificación minera a medida de la Panamerican Silver. Son estos intereses, propios de un gobierno a merced del FMI, los que evidencian la impostura de los recordatorios oficiales del golpe de Estado, mientras gobiernan con los Berni y los Insfrán.

El 24 de marzo, desbordemos las plazas de todo el país contra la represión y la impunidad de ayer y de hoy, y por el triunfo de todas las luchas obreras y populares. También por la memoria de los trabajadores detenidos desaparecidos, se muestra la vigencia de la estratégica pelea por desarrollar una nueva dirección del movimiento obrero y expulsar a la burocracia sindical integrada el Estado.

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Editorial. Escribe Gabriel Solano
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