Mujer

3/3/2022

Violación grupal en Palermo: los “hijos sanos” del Estado capitalista

Marcha en repudio a "los violadores de Palermo" en Munro. Imagen: Andrés Pelozo.

La violación en grupo a una chica de 20 años en el barrio porteño de Palermo, por parte de seis hombres de entre 20 y 24 años, a plena luz del día en un auto, generó una enorme conmoción. Fue la imagen del horror y de la impunidad que rápidamente hizo estallar las redes sociales y movilizaciones como la de Munro el martes pasado. Aunque la violencia sexual es una situación habitual desde la niñez, el hecho de que fuera en Palermo y durante el día hicieron que se extendiera la indignación y el abordaje del tema.

En estas últimas horas se sumó una nueva denuncia por abuso sexual contra uno de los agresores, que sería militante de la organización “La Lealtad” vinculada a La Cámpora. La joven denuncia haber sido abusada en el año 2015, cuando tenía 14 años. Su testimonio habla de lo que viven tantísimas pibas en su situación: “me costó (denunciar) por esos mandatos sociales que nos meten en la cabeza que ‘las mujeres tenemos la culpa, provocamos, queremos que esto pase, lo insinuamos’”.

Las reacciones de solidaridad y el reclamo por justicia fueron también un grito de bronca en una sociedad donde la violencia contra las mujeres no para de crecer, empezando por lxs vecinos que no demoraron en actuar para sacar a la piba de semejante agresión. Las declaraciones del “periodista” Azzaro en Crónica TV, responsabilizando a la víctima, no fueron un simple exabrupto, sino parte del entramado ideológico que predomina en una sociedad educada en el desprecio, la humillación y el sometimiento a las mujeres. Su razonamiento no es excepcional y cuenta con el aval del propio Estado que ratifica su abordaje en los hechos en numerosos fallos judiciales misóginos, la ausencia de atención por parte de los gobiernos y la violencia estigmatizante de mujeres en todos los niveles -comenzando por el educativo y los protocolos de vestimenta que ratifican la idea de que es la mujer la que provoca, todas conductas que se imponen de arriba para abajo.

La conmoción social es lo que explica que, sin mencionar el tema directamente, el presidente en su discurso inaugural de las sesiones parlamentarias hablara al pasar de Educación Sexual integral. Pero no está ni por asomo en la agenda de este gobierno, que llegó al poder con la bendición papal. Las “mujeres gobernando” ni hablan de la ESI. Crearon un Ministerio que no solo buscó ser un barniz “progre” del ajuste que golpea especialmente a las mujeres (discriminadas y violentadas en el ámbito laboral, en los hogares, en las escuelas y hospitales), sino también del reforzamiento clerical en todos los ámbitos de nuestras vidas. Hace 15 años que se aprobó la ley de ESI y aún hoy no se aplica en la enorme mayoría del sistema educativo descentralizado y colonizado en buena medida por las iglesias. No hay grietas entre macristas y peronistas ni sobre el FMI ni con la postración ante el clero.

La denuncia del “pacto machista” ofrece un ángulo que es justo señalar y que sin embargo puede prestarse a confusión: resulta fundamental alertar a otros congéneres para que se rebelen al mandato del opresor. El “pacto machista” es una ideología que parte desde el propio Estado y del cual hombres y mujeres son sus aprendices. Necesitamos acompañar la denuncia del mandato con la identificación clara de la procedencia de ese mandato. Ocurre que es tan flagrante la responsabilidad del Estado y de sus gobiernos, en un país en el que una de cada cinco niñas menores son agredidas sexualmente sin que siquiera esta realidad sea impugnada públicamente y sin que existan políticas para combatir esta barbarie. Lejos de eso, el Estado persigue a las madres protectoras. Existen pactos machistas en un país en el que sus gobiernos absuelven a curas de sus numerosas agresiones sexuales contra menores. El Estado educa en la cultura de la violación. En este contexto los “pactos machistas” encuentran justificaciones a cada paso y por eso debemos atacarlos de raíz.

La Iglesia, los gobiernos, la justicia, la policía

El costo de gobiernos aliados de la iglesia católica es muy alto especialmente para las mujeres y diversidades. El bloqueo a la ESI no opera en el vacío, sino que allí donde no hay formación laica y científica, hay una población educada e iniciada en la sexualidad en base al porno, la violencia, la propaganda sexista, la prostitución, la negación del goce y los derechos femeninos que se convierte en objeto comercial.

Dos de los pibes hoy detenidos son estudiantes de la Unsam. En esa universidad la formación en ESI está arancelada. Es un dato irrefutable e insoslayable de la política del Estado en esta materia. Claro que no por una relación directa entre el hecho y el efecto de esta formación sino porque las violaciones, el feminicidio diario y todas las expresiones de violencia cotidianas solo se combaten con una política que encare a fondo el cuestionamiento a la educación en el sometimiento que es la regla bajo este Estado capitalista.

En nuestro país las redes de trata (la “cultura de la violación” elevada al rango de un negocio millonario que mercantiliza y esclaviza mujeres y niños) operan con completa impunidad, y entrelazadas con todos los poderes del Estado. También existe una ley hace años, pero nunca se desbarató una red y sus organizadores desde el poder del Estado y el poder financiero. Se blanquean capitales (sendas leyes para eso en espacial bajo el gobierno de Cristina Kirchner) y se “blanquea” la esclavitud sexual de miles de mujeres pobres.

“La cultura del machismo” es la cultura de los gobiernos y las iglesias. De esto tenemos que hablar cuando reflexionamos sobre lo ocurrido este fin de semana. La justicia es parte de este aparato de opresión que nadie en el gobierno de “feministas” se plantea seriamente revertir desde sus pilares. No hay ningún planteo serio de “reforma judicial feminista”, porque la asociación del poder político con los jueces y fiscales que ellos mismos designan solo entra en serias fricciones cuando está en juego garantizar la impunidad del poder. No hay jurys contra los jueces que dictan fallos misóginos y aberrantes, no hay recursos volcados para asistir a las mujeres que denuncian y no hay ninguna tentativa de modificar los tortuosos circuitos judiciales que deben atravesar, pidiendo ayuda al Estado y sin encontrar respuestas. Y por sobre todas las cosas a quienes gobiernan y fomentan la reforma de la justicia solo les interesa la federal, que no es la rama de la justicia que debe atender las violencias contra las mujeres.

La propia policía es responsable de un 25% de los femicidios que se ejecutan. Es la institución de los Berni: el modelo de machote violento que usa su poder para reprimir y desalojar familias pobres en Guernica, para desaparecer a un pibe como Facundo Castro, o para proteger femicidas y violentos.

La prédica oscurantista sobre las mujeres es mucho más que un discurso, es una maquinaria de crear cultura al servicio de la opresión. Porque la cultura y los vínculos opresivos no nacen de un repollo, están anclados en una sociedad organizada económicamente en torno a la violencia y la explotación, que necesita construir relaciones sociales que permitan sostener y reproducir esa violencia de clase.

“No son una manada”

En las redes sociales se hizo escuchar un fuerte activismo que denunció que “no son animales” que actúan en manada: son varones educados para ejercer una relación de poder, opresiva, sobre las mujeres. Es un punto de partida para avanzar en conclusiones políticas, y un debate. Porque no son los pibes que cometieron esta atrocidad en Palermo, es el horror que viven miles de mujeres que no tienen acceso a los medios de comunicación, en forma de múltiples humillaciones y vejámenes. La violación es una de las formas más crueles y perversas de esa cadena de violencias, porque mutila a la mujer como sujeto en lo más íntimo, “regimenta” desde la sexualidad, el sometimiento a alguien más poderoso. Es un acto disciplinador, un mensaje sobre el rol que las mujeres tenemos reservado en el capitalismo.

Que las múltiples formas de violencia que sufrimos por nuestra condición de género hayan adquirido la extensión que tienen en la actualidad nos habla no de una rémora patriarcal, sino de un mecanismo que el capitalismo ha hecho propio para sostener un régimen de explotación en beneficio de una clase social minoritaria. Que el capital se pueda beneficiar de la extracción de plusvalía de una enorme masa de trabajadores desposeídos requiere que la opresión y el sometimiento se “naturalicen” como parte de nuestra vida cotidiana.

Que la bronca se convierta en organización

Acompañamos el reclamo por justicia contra esta barbarie que no puede quedar impune y que se brinde efectiva contención y asistencia a la joven violada. Que la indignación sirva para potenciar la movilización de las mujeres contra la violencia. Este 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, copemos masivamente la Plaza de Mayo.