Políticas

8/3/2022

Todes al Congreso

Cinco razones para movilizar en rechazo al acuerdo con el FMI

Las recetas de ajuste son también un camino de hundimiento de la economía nacional para cumplir con una deuda fraudulenta, y nos llevarán a un nuevo default..

Fede Imas, Ojo Obrero Fotografía

El acuerdo con el FMI que el gobierno y la oposición, a pesar de sus fracturas internas, intentan aprobar en forma exprés en el Congreso, es a la vez una serie de recetas de ajuste contra el pueblo trabajador y un camino de hundimiento de la economía nacional para cumplir con el pago de una deuda fraudulenta y usuraria. Se pone a toda la política económica y social bajo la lupa de un directorio con sede en Washington, estableciendo un cogobierno que da a los agentes del imperialismo y el capital financiero un poder de veto sobre Argentina. Un breve repaso de las consecuencias que implican las metas pactadas con el Fondo permite echar luz sobre la necesidad de movilizar masivamente para rechazarlo.

1. Con el hambre del pueblo

La falsedad de la afirmación oficial acerca de no se iba a pagar la deuda externa con el hambre del pueblo es literal. Tanto en enero como en febrero la inflación se aceleró, especialmente por la disparada del precio de los alimentos. Pan, carnes, frutas, verduras, el consumo esencial de la población acumula en apenas un bimestre subas arriba del 10% (y en algunos casos mucho más). Además de la desvalorización del peso -producto de la fuga de dólares para pagarle al FMI, el Club de París y los bonistas-, impacta también la suba de materias primas clave como el trigo y el maíz por la guerra en Ucrania, debido a que la política de beneficios a los pulpos exportadores (para recaudar divisas) traslada a los precios internos las subas del mercado internacional.

Mientras tanto, dos de cada tres jubilados cobra haberes de indigencia, se anuncian recortes sostenidos en la asistencia social y el propio Estado lidera el cierre de paritarias muy por debajo de la inflación -pasada y proyectada- como sucedió con la docencia. Por lo demás, el incesante aumento de los precios implica también una confiscación a las familias trabajadoras vía impuestos, ya que el grueso de la recaudación tributaria proviene de los gravámenes al consumo, hasta de artículos básicos, a través del IVA o Ingresos Brutos.

2. Tarifazos para hoy y para mañana

También es lisa y llanamente falso la promesa de Alberto Fernández de que se terminaron los tarifazos. Ya se fijó un aumento general del 20% en la luz y el gas, que será solo el comienzo. Las audiencias que se comprometieron a hacer en abril para determinar nuevos aumentos auguran subas mayores al 40% para la masa de usuarios y de algo más del 20% para quienes tienen tarifa social, es decir que no se salva nadie. La segmentación para avanzar en incrementos siderales para los sectores de mayor consumo o poder adquisitivo se presenta como más equitativa pero va a ir incluyendo de manera progresiva a los barrios de la clase media, y además va a encarecer los costos de la industria generando recesión y aumentos de precios de productos y servicios. Lo mismo vale para el transporte en todo el país, pero particularmente en capital y el conurbano, donde se vienen fuertes sacudones.

La política de incentivos a las petroleras y la necesidad de importar gas para cubrir la demanda energética del país también hace que el alza en flecha de los precios de los hidrocarburos a nivel internacional presionen por mayores aumentos de tarifas y nuevos naftazos, como el del 9% que comandó YPF en febrero. Ello también recalentará la inflación, en un círculo vicioso. El ajuste en subsidios, como se ve, se factura a los usurarios.

3. Reformas laboral y previsional por abajo de la mesa

Los voceros oficiales que aseguran que lo que distingue este programa del FMI es que no incluye “reformas estructurales”. Otra mentira. Con una movilidad jubilatoria desindexada del costo de vida y un haber mínimo debajo de la línea de indigencia, la intención de estirar la edad de retiro no tiene nada de “voluntaria”, sino que es compulsiva por cuestiones económicas. Más todavía cuando la enorme mayoría de quienes se aproximan a la edad para jubilarse no cuentan con los años de aportes por la extendida precarización laboral. A su vez, el propio texto del memorándum consigna que el gobierno va a presentar al Fondo un estudio sobre todos los regímenes jubilatorios especiales, y no solo los de jueces o diplomáticos; como denunció en el Congreso ante el propio ministro Martín Guzmán la diputada de la izquierda Romina Del Plá, es un anticipo de que vendrán por los derechos previsionales de la docencia o los investigadores, entre muchos otros colectivos de trabajadores.

También puede apreciarse una política decidida a “fomentar la actividad económica” a costa de barrer con derechos laborales. Es lo que festejó el propio presidente en persona el año pasado en la planta de Toyota, donde se firmó una adenda flexibilizadora del convenio colectivo. Incluso el gobierno adopta el compromiso de atar los aumentos salariales de los estatales a la evolución de la recaudación, lo cual introduce en las mesas paritarias la intención de subordinar los salarios a la productividad, como viene reclamando el gran capital. La política de convertir a los beneficiarios de programas sociales en mano de obra barata para las patronales de sectores con menores salarios (de manera que el Estado subsidiaría parte de la remuneración) también tensiona para abajo las condiciones laborales.

4. Mayor saqueo y depredación ambiental

Desde los incendios que devoraron una sexta parte de la provincia de Corrientes y millares de hectáreas en todo el norte del país, hasta la decisión de avanzar a toda costa en la explotación petrolera offshore sobre el Mar Argentino, pasando por la ofensiva para habilitar la megaminería contaminante a pesar de la férrea resistencia de pueblos como el chubutense o mendocino, se adivina el objetivo oficial de impulsar las ramas de exportación con el único fin de recaudar divisas para pagarle al Fondo.

Los incentivos a los agronegocios que depredan bosques y humedales, las petroleras que emanan gases de efecto invernadero y acarrean derrames de crudo, y a las mineras que evenenan el agua en zonas de estrés hídrico, solamente van a agravar el saqueo de las riquezas del país dejando a cambio pasivos ambientales y economías destrozadas. Finalmente, después de un año con superávit comercial de 15.000 millones de dólares por el boom de las commodities, las reservas internacionales del Banco Central están en rojo. El camino del Chubutazo y el Atlanticazo debe profundizarse para enfrentar este acuerdo colonial que atenta contra la calidad de vida y la biodiversidad, al tiempo que promueve la primarización de la producción nacional.

5. Nos llevan a un nuevo default

De todas las patrañas con que pretenden confundir a la población, tal vez la más alevosa sea que este nuevo programa fondomonetarista colabora a dejar atrás las crisis de deuda. Este rescate de una hipoteca fraudulenta convalida tasas de interés usurarias, y vendrá con nuevas renegociaciones vergonzosas como la que se avecina con el Club de París. Hasta se emitirían bonos en dólares para que puedan fugar sus ganancias los gigantes fondos de inversión como Pimco y Templeton que quedaron “atrapados en pesos” cuando estalló la bicicleta financiera macrista.

A la vez se alimenta una deuda en pesos que crece como una bola de nieve. Tanto el Tesoro que va a financiar el grueso del déficit fiscal con endeudamiento para restringir la emisión monetaria, como el Banco Central que coloca Leliq a la banca, van a ofrecer por directiva del FMI tasas de interés bien por arriba de la inflación, de manera de garantizar rendimientos jugosos que desincentiven el pasaje de dólares de los especuladores. Este fenomenal negociado al servicio de capital financiero actúa como un factor de parálisis de la economía porque encarece el crédito y los desvía de cualquier inversión productiva. Esta montaña de deuda, que este año se abultaría el equivalente a unos 10.000 millones de dólares, augura una devaluación en regla para licuar el costo de estos pasivos en pesos. Los platos rotos los vamos a pagar los trabajadores, mientras que la banca tiene bonos indexados a la inflación.

Todo este acuerdo apunta al rescate de una deuda impagable que nos conducirá a un nuevo default, y promete por eso prolongar por década la tutela del país por el FMI y el imperialismo, agravando las penurias de quienes todos los días hacen funcionar a la Argentina. Movilicemos masivamente para rechazarlo, y preparemos las grandes luchas que se vendrán en caso de que se ponga en marcha.

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