Políticas

30/5/2024

Gira por Estados Unidos

Sobre el “éxito” de Musk, Zuckerberg y los capitalistas amigos de Milei

Crisis, subsidios y blindaje impositivo: los emblemas del libre mercado viven del Estado.

El fraude "libertario" y la crisis capitalista.

Mientras recrudece el hambre en los barrios, rajan a la gente de sus laburos y hasta los discapacitados se quedan sin atención, el presidente Javier Milei sigue gastando fondos públicos en viajes al exterior con fines proselitistas o propagandísticos. Ahora se fue hasta Estados Unidos para sacarse fotos con los pulgares para arriba y cara de salame junto a los modelos de capitalista exitoso de hoy: los CEOs de las tecnológicas como Google, Meta, Apple y los creadores de ChatGPT; así como antes difundió con tanto entusiasmo sus encuentros con Elon Musk. La realidad es que estos magnates no van a invertir un dólar en Argentina, que sus emporios están envueltos en la crisis económica mundial y que se mantienen gracias a la intervención estatal.

La empresa emblema del magnate Musk es Tesla, fabricadora de vehículos eléctricos, presentada como una mirada hacia el futuro. Bueno, por la caída de sus ventas viene de anunciar el despido del 10% de su plantel global: unos 14.000 puestos de trabajo. Sufre un marcado retroceso frente a sus competidores chinos como BYD, sobre todo en los mercados de Europa y el gigante asiático. Lo mismo le pasa a Apple, que viene perdiendo terreno ante Huawei en China, donde produce la mayor parte de sus teléfonos. La empresas chinas implican un notorio desafío a las multinacionales en ramas como la tecnológica, la automotriz o la del acero, porque producen a precios mucho menores.

¿Cómo se defienden estos grandes capitalistas? Pues claro, con la ayuda de los Estados más poderosos del mundo. Tesla es uno de los principales beneficiarios de la reciente suba de aranceles a la importación de autos eléctricos chinos en Estados Unidos, que Joe Biden fijó en 100% -mientras que su contendiente y “aliado libertario” Dondald Trump reclamó que fueran del doble. Son porcentajes que dejan muy chiquito el arancel externo común del Mercosur que tanto critica Milei, del 35% en el caso máximo que es justamente el de la industria automotriz.

Lo mismo pasa en el rubro de los chips semiconductores, esenciales en todos los dispositivos tecnológicos, e incluso en el mercado de apps. Desde la presidencia de Trump se acumulan prohibiciones para dejar afuera del mercado estadounidense a firmas chinas Huawei o TikTok, y ahora el Tesoro yanqui investigará todas las inversiones privadas que se hagan en el sector de chips e inteligencia artificial. Los últimos mandatarios norteamericanos se obsesionaron por reducir la dependencia de las cadenas de suministro de insumos fabricados en Asia, propósito con el que vienen favoreciendo la construcción en Arizona de una enorme planta de la taiwanesa TSMC -la mayor productora de chips del mundo-; pero estos serían un mucho más caros que los que llegan de Taiwan y eso encarecería los costos de los Apple, Nvidia y compañía.

Mientras Milei da cátedra afirmando que la competencia entre empresas es la panacea porque ofrece productos más baratos a los consumidores, y concentra la producción en la compañías más eficientes, en el centro del capitalismo real sucede lo contrario.

El argumento de los gobiernos imperialistas es que China subsidia a sus productores, ocasionando una competencia desleal. Mientras tanto el propio Biden pelea la reelección a caballo de su Ley de Reducción de la Inflación, que consiste en… subsidios millonarios a los productores de energía, vehículos eléctricos y baterías. Se calcula que en un año ya inyectó más de 120.000 millones de dólares en prebendas fiscales, una cifra cercana a la tercera parte del PBI argentino. Uno de los principales ganadores es, por supuesto, Musk.

Pero hay más. ¿Quiénes han sido los beneficiarios de los subsidios y ventajas impositivas en China? Entre ellos figuran Foxconn, que fabrica los teléfonos de Apple; y Tesla, que inauguró gracias a ello su gigafábrica cerca de Shangai en 2019, mismo año en que inauguró una planta en las afueras de Berlín apalancada en beneficios equivalentes a 1.000 millones de euros del gobierno alemán. Parece ser que quienes se embolsan las subvenciones públicas son los modelos del progreso capitalista. Algo que, digamos de paso, refuta la idea de una China comunista.

En la conferencia que dio en la Universidad de Stanford, el presidente argentino aseguró que “no necesito que alguien intervenga para resolverme la externalidad del consumo porque alguien lo va a resolver”. Veamos ahora lo que él hace.

El primer decreto de Milei incluía la desregulación de las prepagas de medicina privada, solo para que después de sacudones impagables en las cuotas tenga que actuar el gobierno exigiendo que devuelvan los aumentos desmedidos y acusando que las empresas se cartelizaron. Ahora tuvo que intervenir el mercado del gas retaceando a la industria y generadoras eléctricas para que la gente no se congele en sus hogares, mientras promueve una Ley Bases que quita posibilidad de intervención en la comercialización de hidrocarburos. Más caro al discurso libertario es que subió el impuesto País para frenar importaciones con el objetivo de evitar quedarse sin dólares (o sea, endureció el cepo cambiario), lo cual sostiene también su tan preciado -y precario- superávit fiscal.

En conclusión, el libre mercado de Milei no rige ni para los “exitosos” capitalistas con los que se reúne para intentar mostrar fortaleza. Por más apertura económica que ensaye, las inversiones a la Argentina no van a llegar porque lo que prima es un cuadro de fuerte intervencionismo de las principales potencias (con subsidios y barreras arancelarias) y caída de la inversión. Elon Musk, Mark Zuckerberg o Tim Cook son gigantes envueltos en la crisis capitalista, oscilando entre los estímulos estatales y la guerra comercial. Como reconocen los periodistas y académicos librecambistas, la libre circulación de capitales es cosa del pasado.

Esto lo vivimos en carne propia con la mayor presión que ejerce el imperialismo sobre países como el nuestro. ¿O el propio Milei no sigue cajoneando la licitación de la Hidrovía, por donde pasa casi todo el comercio exterior argentino, frenada desde el gobierno anterior por el veto que impuso Estado Unidos para evitar que caiga en manos de una firma de Shangai?

Con menos titulares en los diarios, pero tal vez con mayor tenacidad, estas multinacionales libran al mismo tiempo otra guerra. Es la que declararon a sus trabajadores para intentar quebrar el proceso de luchas y sindicalización que recorre la clase obrera norteamericana, desde los depósitos de Amazon y los locales de Starbucks hasta el nuevo cordón automotriz del sur estadounidense.

En la era del capital monopolista y los Estados imperialistas la única libertad es la de enfrentar el intento de recomponer las ganancias empresarias a costa de hacer retroceder las condiciones laborales a las plantaciones esclavistas y las “casas de trabajo” victorianas.

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