22/04/2021

Córdoba: los salarios municipales frente a una inflación imparable

¿Qué recomposición salarial necesitamos?
Por Susana Rins Delegada municipal- Lista Fucsia

Estamos a las puertas de una negociación paritaria y resulta relevante discutir cuál es la recomposición salarial que necesitamos los municipales de Córdoba. Para ello hay que refrescar la memoria, mirar con claridad el panorama que tenemos por delante y sacar conclusiones acerca de nuestro salario.

Hagamos memoria

La paritaria parcial 2020 de las/los municipales aún debe completarse. En mayo los funcionarios del intendente Martín Llaryora y la comisión paritaria del gremio se sentarán a negociar lo pendiente del 2020 (noviembre-diciembre) y el primer cuatrimestre del 2021. Lo firmado hasta ahora fue un 23% de enero a octubre.

Por lo tanto, nos están debiendo un 13% ya que la inflación total de 2020 fue 36,1%. A su vez, en los primeros tres meses del 2021 la inflación supera el 13%. Por lo tanto, de base, hay una pérdida del poder adquisitivo del salario de 26 puntos sin contar la inflación de abril. Si ésta fuera del 4%, con un 30% apenas empardaríamos –con retraso- la inflación. Falta considerar cómo enfrentamos lo que resta de un año en que se estima una inflación cercana al 50%.

Los municipales hemos recibido poco más de la mitad de la inflación 2020. Sin embargo, para los compañeros a quienes les recortaron el 15% del salario al reducir la jornada, el deterioro es aún mayor. Para ellos la compensación, vía un bono no remunerativo -con tope- no alcanza a paliar la pérdida. Para la docencia, las sumas blanqueadas no han modificado el básico, neutralizando la incidencia en los ítems como antigüedad y calidad educativa. Al día de hoy sigue habiendo sumas no remunerativas que afectan a los jubilados.

Mientras hay un aumento imparable de precios, el salario municipal se cae a pedazos. El ejecutivo incorpora trabajadores precarizados que perciben salarios ultra precarizados: los servidores urbanos (chalecos celestes), con apenas $15.000 pesos de salario por 4 horas y los becarios que perciben por 6 horas una remuneración cercana a $40.000. En ambos casos, reciben parte de esa remuneración vía la tarjeta “Activa” que pretende colocarse como punta de lanza para negocios con el comercio.

La incorporación de trabajadores fuera de convenio tiene como objetivo deprimir el salario de convenio sin que ello signifique bajar los costos para el municipio, ya que el ahorro presupuestario se va por la alcantarilla de la contratación de empresas tercerizadas, todas ligadas a la patria contratista del estado municipal.

El esquema de desdoblamiento horario forma parte de esta agenda de ataque al estatuto, porque el personal necesario para este desdoblamiento se contrataría por fuera del convenio. Tampoco se regulariza -vía concursos- la composición de los mandos medios.

El cuadro de situación no es ajeno al que experimenta el conjunto de la clase obrera, que ve cómo las conducciones sindicales alineadas a los gobiernos han pactado paritarias a la baja, subordinándose al techo de alrededor del 30% que dibujó el ministro Martín Guzmán en el presupuesto y no acorde al aumento de la inflación, aunque el costo de la canasta básica familiar esté por encima de $60.000.

La nueva ley de impuesto a las ganancias alivia momentáneamente a una masa de trabajadores que prontamente, por inflación y por paritarias, quedará atrapada por este gravamen.

¿Qué recomposición salarial necesitamos?

Los municipales necesitamos un aumento que recomponga el salario básico que conseguimos con nuestras luchas. Y para que impacte en los trabajadores jubilados, es preciso que esté en blanco. De piso, para recomponer lo perdido por inflación necesitamos un 30%. Y para blindarnos frente a una inflación desenfrenada, necesitamos la cláusula gatillo. Sin ello, vamos a estar en las calles mes a mes porque la situación es insostenible.

En un cuadro de inflación galopante que se estima superior al 46% anual, ir por menos equivale a alinearse con la política de un gobierno ajustador, que pretende que todo el peso del ajuste recaiga en los trabajadores, como sucedió en el 2020.

En un cuadro convulsivo, preparemos con asambleas en cada lugar de trabajo la defensa de nuestro salario y exijamos el cumplimiento integral de nuestro estatuto: pase a planta de todos los precarizados, restitución del salario correspondiente a la hora ilegalmente recortada, recomposición salarial acorde a la inflación, cláusula gatillo para enfrentar lo que se viene. Con la unidad de acción y la organización de todos los municipales podremos enfrentar el ajuste de Llaryora.