Kenia, a dos años del levantamiento popular

Represión e injerencia imperialista.

Protestas en reclamo de justicia por las víctimas de la represión

A fines de junio de 2024, el gobierno de William Ruto enfrentó una rebelión popular que derrotó un paquetazo que introducía impuestos en productos de primera necesidad, como el pan y el aceite, para cumplir con las exigencias de los organismos financieros internacionales. Sin embargo, la represión fue brutal y Ruto se sostuvo en el poder: decenas de personas fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad. Un año más tarde, las grandes movilizaciones –de fuerte contenido juvenil- se repitieron y, con ellas, la represión.

En el segundo aniversario del levantamiento, los familiares de las víctimas de la represión estatal se movilizaron este 24 de junio en Nairobi, a pesar de los llamados del gobierno para que no hubiera protestas. Más de 350 personas fueron arrestadas. Seis manifestantes, detenidos cerca del parlamento, fueron torturados y abandonados, posteriormente, a la vera de las carreteras, y un séptimo manifestante seguía desaparecido. Esa fue la respuesta oficial al reclamo de justicia. Al día de hoy, sólo tres casos relacionados con la represión de 2024 y 2025 llegaron a los tribunales, y en ningún caso hubo condenas contra los responsables (Al Jazeera, 24/6).

El gobierno de Ruto intenta desligarse de su responsabilidad en el baño de sangre de 2024, aludiendo a supuestos “excesos” de algunos de los miembros de las fuerzas de seguridad, razón por la que anunció, recientemente, un proyecto de compensación monetaria para los familiares de las víctimas por un total de 15 millones de dólares. Es otro intento de cerrar un capítulo doloroso, que sigue abierto para el pueblo de Kenia.

Las protestas de este 24 de junio en Nairobi estuvieron precedidas por una ola de manifestaciones, a comienzos de mes, en el distrito de Laikipia, en el centro del país. La instalación de un centro para la cuarentena de ciudadanos estadounidenses afectados por el ébola, visto como una intromisión inconsulta, desató un arraigado sentimiento antiimperialista en esa zona. Tres personas fueron asesinadas en la represión. El gobierno, finalmente, debió poner en pausa el proyecto.

Cuando Kenia se transformó en un protectorado británico, en 1895, las autoridades coloniales pasaron a controlar vastas extensiones de tierra, y las mejores fueron entregadas a colonos europeos. Aún hoy, a más de seis décadas de la independencia de Kenia del Reino Unido, los herederos de aquellos colonos dominan enormes haciendas, mientras que las comunidades de pastores se ven severamente afectadas por la falta de terrenos. Además, el Reino Unido mantiene presencia militar en la zona.

En consonancia con su alineamiento con el imperialismo, Ruto viene profundizando los acuerdos militares con Estados Unidos, que este año encabezó ejercicios en Kenia con la participación de otros países de la región. Washington no sólo tiene un interés militar, sino económico, por lo que también se discute un tratado de libre comercio con Nairobi.

Es importante tener presente el antecedente de Haití, donde la policía keniata lideró la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MMAS), heredera de la Minustah, e impulsada por los Estados Unidos. Las dificultades para financiar esta misión, la ampliación del poder de fuego y territorial de las bandas criminales y el involucramiento de agentes keniatas en violaciones a los derechos humanos, obligaron al Consejo de Seguridad de la ONU a disolver la misión y reemplazarla por una Fuerza de Represión de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés) en la que, no obstante, las fuerzas policiales de Ruto seguirán ocupando un lugar privilegiado.

Paralelamente, Ruto afianza lazos con el imperialismo francés. Por un acuerdo de defensa firmado en abril de este año, 800 soldados franceses participarán en la ciudad de Mombasa de ejercicios conjuntos con militares keniatas. El convenio garantizaría la inmunidad de las tropas franceses y su juzgamiento en tribunales galos ante cualquier infracción. A su vez, Nairobi fue, en mayo, la sede del Africa Forward 2026, un evento con el que Francia quiere reposicionarse en el continente, tras la expulsión de sus tropas en el Sahel (Mali, Burkina Faso y Níger). Asistió el presidente galo, Emmanuel Macron, quien se fotografió con el responsable del aplastamiento en sangre de la rebelión de 2024.

El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al presidente de Kenia, William Ruto

Los últimos movimientos de Estados Unidos y Francia en la región se inscriben, también, en la disputa con China, que ha ganado algunas posiciones. Un acuerdo comercial firmado en marzo promete el ingreso sin aranceles de los productos keniatas en el gigante asiático, pero esto es, apenas, una pequeña compensación ante el enorme déficit en la balanza comercial bilateral, acumulado por el volumen masivo de las importaciones chinas. Beijing se apuntó por estos días, asimismo, a través de una corporación estatal, un acuerdo por más de mil millones de dólares para la expansión del principal aeropuerto del país.

La rebelión popular de 2024 en Kenia, igual que la rebelión del año pasado en Madagascar y las protestas en Tanzania, muestran un gran esfuerzo de las masas de la región por derrotar a los gobiernos del hambre y la represión.

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