23/12/2021
Editorial

El Chubutazo es más que una advertencia

La victoria popular irrumpe ante un gobierno golpeado.

El mismo día en que se conmemoraba en todo el país el 20 aniversario de la rebelión popular que terminó con el gobierno de De la Rúa-Cavallo, el pueblo de Chubut imponía una derrota sin atenuantes a los gobiernos de Arcioni y de Fernández.

La “zonificación” promegaminera venía siendo largamente resistida por el pueblo de Chubut, lo cual había llevado a la postergación del tratamiento del proyecto que finalmente se aprobó. La conciencia de que las consecuencias sobre el ambiente y sobre todo el agravamiento de la ya existente escasez de agua tienen estos emprendimientos puso en alerta a la población.

Fue por eso que la votación exprés fue acompañada con una violenta represión ante la inmediata reacción popular y las manifestaciones. Durante 6 días la movilización popular no cesó, enfrentó la represión, ocupó masivamente las calles, los trabajadores de la pesca fueron al paro y la consigna ¡No es No! imperó en todo el territorio provincial y se replicó en varios lugares del país.

El lunes 20 Arcioni no resistió más y anunció la derogación de la ley de zonificación. Amagó primero con suspenderla y armar un plebiscito pero la movilización no cesó y le impuso la derogación lisa y llana, que el martes 21 por unanimidad aprobó la misma legislatura que la había votado días antes. Triunfo total de la lucha.

El triunfo popular y la crisis del gobierno

La victoria del pueblo de Chubut, en defensa del agua y el ambiente, no es menor. Venció una decisión que no era solo de Arcioni (que venía golpeado de las elecciones) sino del gobierno nacional, que lo apuró en avanzar con la zonificación ante la necesidad de mostrar que había una vía para juntar dólares y pagar la deuda.

La percepción de que atrás de la aprobación de la zonificación estaba el gobierno nacional y su apuro por garantizar dólares la tuvieron los manifestantes que quemaron imágenes de Arcioni y de Alberto en las calles de Madryn.

Esta victoria tiene alcances que superan los límites provinciales. El gobierno de la coalición de los Fernández y Massa (el gobernador chubutense es de su palo) no puede remontar la crisis que le propinaron los resultados de las elecciones del 14N y aparecen nuevos escenarios donde su debilidad empieza a hacerse manifiesta.

La Corte Suprema volteó la reducción kirchnerista del Consejo de la Magistratura. Luego se vio que el gobierno perdió el control del Congreso Nacional, en ambas cámaras. El rechazo al presupuesto 2022 defendido por Guzmán y la aprobación de ley de Bienes Personales que no pensaba tratar agravan la crisis política y ponen en situación de extrema debilidad a un gobierno que está en el medio de las negociaciones con el FMI, con vencimientos que le pisan los talones y con las arcas del Banco Central vacías. Al pago de 1.900 millones de dólares que acaba de hacer al FMI con los DEG, se le suman en enero de 2022 casi 700 millones por un cupón de intereses a los bonistas, que ingresaron al canje el año pasado, y al Club de París por unos 2.100 millones de dólares postergados desde mayo pasado.

Echando lastre decidió otorgar un bono por única vez (y en negro, de $20 mil) a los estatales y fuerzas de seguridad. Solo un bono cuando traen una fuerte pérdida histórica. A los jubilados (de la mínima) otro bono de $8.000 cuando sus haberes flotan en la línea de indigencia. Y un bono doble a los Potenciar Trabajo que reclamó fuertemente la Unidad Piquetera.

En Bienes Personales perdió aliados y dependió de los votos de la izquierda, que no es su aliada. Sin control del Congreso, con el presupuesto 2022 rechazado, al gobierno le queda la vía del decreto, lo cual lo enfrentaría con sus propias divisiones. Lo otro es buscar un acuerdo por fuera del propio parlamento, tipo pacto social, lo cual también condiciona el ritmo del ajuste que necesita comprometer para llegar un acuerdo, que finalmente sea además aceptado por la oposición macrista, condición exigida por el FMI y comprometida por Guzmán y A. Fernández.

En toda esta crisis pesa la convicción de que las exigencias del Fondo no terminan de resolver la crisis económica ni van a traer una lluvia de inversiones, se trata de ganar tiempo para continuar un endeudamiento que tarde o temprano llevará a nuevas crisis y reestructuraciones de deuda. Pesa también que las “mínimas exigencias” del Fondo (según algunos analistas) que incluyen una devaluación de al menos un 40%, una quita de subsidios a los servicios y la continuidad del ajuste fiscal, pueden terminar dando un nuevo impulso a la inflación. Todo lo cual podría llevar a una explosión social a la chilena. Guzmán ya impuso una reducción del déficit fiscal casi el doble de lo presupuestado. Pero, ¿hasta cuándo podrá tirar de la cuerda? Recordemos que se patinó U$S 14 mil millones de superávit comercial en fuga de capitales e impuso un cepo que lejos de impedir el vaciamiento de las reservas produjo una retracción en la industria. Sin embargo la situación es más grave, las reservas líquidas se esfumaron, el endeudamiento creció y la economía apenas sostiene niveles de 2019, todo esto con un aumento de la pobreza y nuevos despidos como Garbarino.

No han valido las muestras de “buena voluntad” para allanar las condiciones de un acuerdo que aleje al país de un colapso, como haber ido a la cumbre de Biden junto a Guaidó en un claro alineamiento junto al imperialismo.

Por una intervención de los trabajadores

El otro escenario es que el mercado “haga lo suyo” y por la vía de los hechos se impongan las condiciones que requiere el Fondo. El Chubutazo es una advertencia seria ante una deriva de este tipo. Si bien en Chubut la defensa del agua y la conciencia de un daño irreparable fue un motivo profundo, como sucedió en Mendoza a fines de 2019, se ha puesto de manifiesto que la disposición a la lucha está agazapada.

Otro dato, en el mismo sentido, ha sido la multitudinaria movilización del pasado 11, en Plaza de Mayo y en todo el país, contra el pacto con el FMI y el pago de la deuda; movilización que surgió de una propuesta por el FIT-U, la cual fue tomada en sus manos por más de cien organizaciones de trabajadores y de lucha. Lo mismo que la Plaza de la Unidad Piquetera del 20.

La elección chilena, derrotando al pinochetismo sin miramientos, refresca a los capitalistas que los aires de las rebeliones populares contra el ajuste en América Latina siguen. Argentina ya lo había vivido contra el intento de Macri de ir por la reforma laboral y previsional en diciembre de 2017.

2022 mostrará con más fuerza el protagonismo de los trabajadores y el pueblo agredido, para ello nos tenemos que preparar y sobre esta base es que reivindicamos el planteo de un congreso del FIT-U junto a los protagonistas de estas luchas. Y un plan de lucha arrancado desde abajo.

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