Políticas

5/11/2020

Crisis económica

Los “incentivos” a las cerealeras y las petroleras, o la frazada corta de Guzmán

Las contradicciones de las promesas del gobierno de Alberto Fernández a los principales sectores capitalistas.

El gobierno se muestra decidido a concretar una agenda de acuerdos con los principales sectores capitalistas del país. Toda la plana mayor del gabinete nacional, encabezada por Martín Guzmán, volvió a reunirse con el Consejo Agroindustrial para avanzar en los detalles de la ley que se enviará al Congreso, la cual es presentada como un “plan plurianual” de incentivos. Al mismo tiempo, se dieron las últimas puntadas del Plan Gas, o más precisamente se cerró un acuerdo con Paolo Rocca de Techint para que ingrese. Pero, más allá de las “buenas intenciones”, el gobierno de Alberto Fernández se topará más temprano que tarde con que la frazada es muy corta como para cobijar las demandas patronales de las distintas ramas, cuando además se compromete a reducir el déficit fiscal que reclama sí al unísono la clase capitalista.

Modelo sojero

En el encuentro con las cámaras empresarias de la agroindustria los funcionarios se comprometieron a darle la última estocada al proyecto de ley de beneficios impositivos y financieros al sector, que sería sellado en un nuevo encuentro a realizarse el 26 de noviembre. Esto luego de que el propio ministro de Agricultura, Luis Basterra, reconociera que la baja de las retenciones anunciada a principios de octubre “no ha tenido el impacto que aspiramos sobre la venta de granos”.

La desesperación del gobierno por incrementar las exportaciones y la liquidación de las divisas de las cerealeras es evidente para todo el mundo, cuando se acabaron las reservas netas líquidas del Banco Central y se desplegó una formidable corrida cambiaria y hasta de retiros de los depósitos en dólares. El apuro por suscribir un acuerdo con el FMI, convertido en la viga maestra de toda la política económica, exige presentar al organismo alguna previsión de cómo logrará recolectar los dólares necesarios para cumplir con el repago de la deuda. En ese contexto se inscribe el monumental cúmulo de estímulos a las cámaras exportadoras.

Según registra iPofesional (5/11), los puntos salientes del plan para aumentar la producción agraria serían: desgravar del Impuesto a las Ganancias hasta el 120% de las facturas de fertilizantes, y el 150% de semillas fiscalizadas; un régimen de amortización acelerada de los bienes de capital; un plan canje de maquinarias subsidiado y líneas de crédito con tasas de hasta 24% anual, es decir por debajo de la inflación. A su vez, para todas las carnes se prevé una reducción de las contribuciones patronales y exenciones impositivas tanto en Ganancias como al Cheque, e incluso Bienes Personales y retenciones -además de los créditos a tasas subsidiadas.

La estrategia oficial es entonces mantener cierto nivel de recaudación sobre los dólares de exportación, a cambio de desgravar gran parte de la actividad en toda la cadena impositiva, incluyendo la perpetuación del desfalco de la Anses. El objetivo de incrementar la producción agropecuaria implica además, explícitamente, el aumento del área de cultivos y pasturas, por lo que acicateará la crisis ambiental desatada por el avance de la frontera agraria (incendios, deforestación), y será un incentivo extra a la instalación de megaranjas industriales de cerdos chinas. Por otro lado, se refuerza la injerencia de los paquetes tecnológicos de los Monsanto, Syngenta y AgTech, agrotóxicos incluidos; la aprobación del trigo transgénico HB4 no es una medida aislada.

El Plan Gas

En paralelo, el secretario de Energía, Darío Martínez, informaba que (luego de dos encuentros cara a cara de Rocca con el propio presidente) finalmente se cerró el acuerdo con Tecpetrol -del grupo Techint- para que se integre al Plan Gas. La mayor compañía industrial del país tenía reticencias a incorporarse al paquete de subsidios anunciado por el gobierno -que consiste en garantizar un precio al gas en boca de pozo muy por encima de los precios internacionales- porque mantiene conflictos judiciales con el Estado por partidas de subsidios no pagadas. Martínez firmó con Tecpetrol una capitulación, porque no se le exigirá a la empresa que desista de su litigio millonario, y además se le asigna un cuota con prioridad de despacho, es decir de compra garantizada.

Otro empresario de peso en el sector, Marcos Bulgheroni de Panamerican Energy (PAE), también había almorzado con Alberto Fernández en Olivos. En este caso obtuvo que el Plan Gas se extienda por cuatro años y no por tres, y un plazo adicional de otros cuatro años para los desarrollos offshore, especialmente a medida del proyecto Fénix en la plataforma marina de Tierra del Fuego -que PAE explotará con la francesa Total y la alemana Wintershall Dea. El objetivo sería evitar que el Plan derive en una carrera de extracción únicamente en Vaca Muerta, lo cual podría deprimir los precios de la cuenca neuquina.

Con todo, este proyecto offshore está en veremos. Las petroleras no han abandonado la huelga de inversiones, una condición necesaria para evitar la importación de gas en el próximo invierno. El repunte de la producción después del derrumbe de la pandemia se opera recurriendo a la capacidad instalada y al personal suspendido, e incluso maximizando la explotación obrera; Vista Oil, la compañía del expresidente de YPF bajo la presidencia de CFK, Miguel Galuccio, difundió que redujo un 19% los costos de producción en octubre en relación al año pasado.

Pero esta reforma laboral flexibilizadora -que encabeza la propia YPF- y los subsidios comprometidos por casi 1.500 millones de dólares, no alcanzan para disipar las dudas de los pulpos del sector. Recientemente estos protagonizaron una suerte de lock out contra la distribuidora Metrogas acusando que está rota la cadena de pagos, lo cual es además una presión extra para que se fije la magnitud de los tarifazos que comenzarán a correr desde fin de año.

En el gobierno buscaron llevar tranquilidad detallando que, de los 3,7 dólares por millón de BTU que establece el Plan Gas, 2,5 serán costeados por los consumidores y solo el tercio restante por el Estado. Es decir que no solo se viene un sacudón en las tarifas, sino que además los aumentos vuelven a tomar como referencia un precio dolarizado, y esto en medio de una corrida cambiaria -en criollo, se viene un nuevo esquema de tarifazos permanentes.

Frazada corta

Las promesas oficiales a los distintos sectores capitalistas, como reconoció el mismo Guzmán en el encuentro con la cúpula de la AEA (Asociación Empresaria Argentina), son en cierta medida contradictorias entre sí. Máxime cuando el ministro se comprometió a ejecutar un ajuste mayor a lo presupuestado, no solo para que en 2021 el déficit fiscal sea menor al 4,5% del PBI, sino incluso comenzar ya en estos dos últimos meses del año para achicar el rojo hasta el 7% del PBI (contra estimaciones previas del 8,5%).

De hecho, esta billetera de subsidios podría incrementarse aún más para apaciguar uno de los conflictos que enfrenta a estas dos ramas de la economía, es decir a los pulpos del agro con los de los hidrocarburos, en torno a la cuestión de los biocombustibles. Los precios de estos y el porcentaje de corte para la mezcla (hoy del 10% para el biodiésel y del 12% para el bioetanol) es motivo de fuertes tironeos, que además de mayores desembolsos de los fondos públicos conducirá indudablemente a nuevos naftazos como los de los tres últimos meses.

Independientemente de la inviabilidad del esquema gubernamental, es claro que el único punto de apoyo es un ajuste frontal contra la población trabajadora, que en medio de ataques a las jubilaciones, los salarios y los convenios colectivos deberá afrontar el costo de los tarifazos, los naftazos y mayores precios de los alimentos. Todo, para cumplir con la máxima que se propuso Alberto Fernández de cumplir con el pago de la deuda externa usuraria a los bonistas y el FMI.

Solamente un plan económico integral, que parta de la nacionalización del comercio exterior y de industrias estratégicas como la de los hidrocarburos, como parte de un plan debatido y dirigido por la clase obrera, puede dar pie a un desarrollo nacional. Es una perspectiva que se contrapone por el vértice con el régimen de saqueo de los “pagadores seriales”, que condena a millones al hambre y la miseria, y al país al atraso y la postración colonial.