Políticas
21/2/2026
EDITORIAL
Una batalla tras otra
Mientras el Parlamento votaba la reforma laboral de Milei a medida de las patronales, el paro nacional y los trabajadores de Fate demostraban que la clase obrera está para levantar cabeza.

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Foto: Nico y Charo
La semana política de la Argentina deslizó un sinfín de elementos que a veces parecen contradictorios. Mientras el gobierno festeja su reforma laboral e intenta, a la par, regar de desmoralización al conjunto de la clase obrera, el panorama reciente marcó otro compás: un paro contundente, una lucha en el seno del movimiento obrero que recoge un abarcativo apoyo popular.
Bien leído, lo que deja la semana es la conclusión de que no hay papel escrito que defina lo que una lucha de conjunto no puede revertir.
Modernización
No puede criticarse falta de coherencia en la decisión del bloque de La Libertad Avanza y aliados de casi no hablar durante la última sesión en Diputados, no había mucho más para decir: una verdadera contrarreforma laboral, con un retroceso al siglo pasado en términos de derechos, avalando jornadas de 12 horas, salario dinámico (quizás, en especias), eliminación de las horas extra, vacaciones a elección de la patronal y muchos otros ataques. La última vez que alguien había opinado tuvieron que sacar el artículo: fue la soberbia pedante de Federico Sturzenegger, que se jactó del recorte de las licencias médicas laborales con una sorna verdaderamente esclavista. Eligieron bien: mejor callarse.
Si bien fue el gobierno el que tomó la iniciativa, desde hace décadas que la burguesía argentina y el capital financiero vienen presionando para incorporar al ámbito laboral al cúmulo de “reformas estructurales”. Y es esa la razón por la que Milei consiguió aprobar su texto previo a la asamblea del año XIII: no hubiera podido sin los otros partidos de la oposición. El PJ de Fuerza Patria de Jalil y Jaldo dio el ajustado quórum, junto a los diputados de Sáenz (Salta) y del santacruceño Vidal. Luego hubo maniobras sobre algunos sectores que votaron en contra o se pronunciaron a favor para pedir que se rechacen artículos en particular, con llanto incluido. Ya nada importaba: el objetivo de Milei estaba cumplido.
En la misma línea fue la CGT, que solo convocó a un paro cuando hasta en sus bases se cantaba el famoso “a dónde está, que no se ve” y que dejó entrever que el artículo de las licencias no lo tenían en agenda, lo que pone en evidencia que lo demás fue arreglado. El frente de Furlán, la CTA y compañía, pudieron tomar una narrativa más combativa al final, pero subsumieron todo su accionar a la lógica de la CGT arreglista. Párrafo aparte para las escasas agrupaciones que en lugar de estar en el Congreso festejaban con globos el cumpleaños de Cristina Fernández en su casa, en una burla hecha y derecha al movimiento popular en su conjunto.
La justificación de este accionar fue denunciada por nuestro compañero Néstor Pitrola, que dejó en claro que no existen los “peronistas traidores” básicamente porque si hay muchas excepciones entonces la regla no es regla: la CGT; Scioli; Jaldo; Jalil; Cristina hablando de modernización; Kicillof, la policía de Berni y el ajuste a los docentes; Massa tirando CVs en los fondos buitres, todo el bloque (incluido Grabois y Máximo Kirchner) votando con Milei las designaciones para la AGN y la lista, interminable, podría seguir. No hay “traidores excepcionales”, sino una clase social que tiene su programa de mayor explotación y utiliza los resortes de sus fuerzas políticas para conseguir sus objetivos.
La solución no es otra que ponerse del otro lado del mostrador: es clase contra clase. La verdadera modernización será la lucha que se viene.
Es esa la perspectiva de independencia política que tomó en sus manos el Plenario del Sindicalismo Combativo de Parque Lezama, que dejó en claro la necesidad de un plan de lucha y un paro nacional, en la perspectiva de la huelga general, hasta derrotar a Milei. La semana deja en claro que es un camino a profundizar.
Palos en la rueda
Mientras se cocinaban estos pactos, la lucha obrera encendía motores como nunca. Los trabajadores de Fate, con el Sutna a la cabeza, ocupaban la fábrica de San Fernando contra el cierre de la patronal del holding Madanes Quintanilla.
El multimillonario empresario colocó el argumento de la “situación del país” (apertura de las importaciones, industricidio, 22.000 empresas cerradas), buscando ocultar que a él la crisis no le pega: es el mismo dueño de Aluar y de una serie de empresas que lo convierten en una de las personas más ricas del país. El argumento de la crisis vale para los trabajadores, no para él, así como tampoco el gobierno nacional puede desligarse de una política significativa de ataque a la industria cuando cierra una fábrica que tiene 90 años.
El Sutna mostró un método impecable: asamblea, organización, lucha. Las imágenes de esa pelea conmovieron al país, en una lucha que recogió rápidamente un sinfín de adhesiones y se convirtió en un emblema nacional. Contrasta con el método de la CGT pero no por una cuestión netamente metodológica, sino política: el clasismo no deposita expectativas en las fuerzas de la burguesía, por lo que no se encuentra atado a los avatares ni de su clase social ni de sus organizaciones. La frase “denle al Sutna la CGT”, que inundó las redes sociales, marca de manera sintética una realidad: la burocracia es un obstáculo para los trabajadores.
El cierre es la demostración más tajante de que la reforma laboral, que se votaba al día siguiente, no va a generar trabajo. Caputo patalea, pero ni su clase social confía en que una ley de este tipo supere las contradicciones de un modelo que no cierra por ninguna parte.
La lucha contra el cierre ilegal (conciliación obligatoria mediante) requiere redoblar los esfuerzos de solidaridad, apoyando la medida de lucha de los compañeros y el acampe, llenando de iniciativas la puerta de la fábrica. La pelea puede convertirse en un palo en la rueda real del ajuste de Milei y de los intereses de una burguesía que le quiere hacer pagar la crisis a los laburantes y a sus familias.
Clase
Ya empezó y es probable que se profundice cierto operativo de desmoralización. Dos posiciones expuestas entre las últimas exposiciones de los diputados contrastaron en un programa contra Milei. Germán Martínez anunció que un gobierno peronista vetaría la reforma, algo a priori falso, si uno tiene en cuenta que Lula (exponente y ejemplo del kirchnerismo) no derogó la suya en Brasil, y que el último gobierno de Alberto Fernández nada hizo para cambiar las medidas del gobierno de Macri. Sólo la movilización de la clase obrera puede derrotar esto. Martínez echa mano al no tan viejo “hay 2027”, de una fuerza política para nada confiable, si se analiza lo que hace como oposición. Ya vendrán, seguramente, a pedir votos “con contradicciones” en listas que incluyan a Jaldo, Jalil y vaya uno a saber a quién más.
Por el contrario, Romina Del Plá les dijo a todos que “no saben a lo que se enfrentan” y que están generando “una enorme rebelión popular”. Hilo para tirar hay y mucho: el paro general, la lucha del Sutna, como antes la pelea del Hospital Garrahan y tantas luchas que no han terminado con el gobierno de Milei pero que le han hecho frente y cuya potencia contrasta con un gobierno nacional que está lejos de la solidez nítida.
La reforma laboral, cuyo ciclo de votaciones aún no concluyó, todavía tiene una semana de debate nacional sin convertirse en ley. Esto otorga la posibilidad de agitaciones y la pelea por un plan de lucha de fondo y un par activo de 36 hs. Se impone la necesidad de rodear el Congreso contra la reforma. Pero, incluso de aprobarse, luego se tendrá que implementar, lugar por lugar, y estará a prueba tanto el poder de Milei como el de la clase obrera, lo que pone en agenda la pelea contra la implementación. Ejemplos de cómo hay que hacer esta semana hubo de sobra.
Podemos ganar. Fin.



