28/11/2021
La semana

Otro diciembre de lucha contra la entrega del país al FMI

Panorama político de la semana.

El cepo a la compra de pasajes en cuotas para viajar al exterior es un retrato de cómo llegamos al último mes de 2021, porque revela la improvisación de un gobierno que intenta garantizar a como dé lugar el pago de los vencimientos con el FMI. Veinte diciembres después del Argentinazo, de nuevo tenemos a la mitad de la población sumida en la pobreza, la desocupación en ascenso, una deuda impagable y el intento de pasarle toda la factura a la población trabajadora con una profundización del ajuste. El reverso es la reunión que en Parque Lezama lanzó la convocatoria a copar la Plaza de Mayo contra el pacto con el Fondo y por todos los reclamos populares, porque ofrece una perspectiva para abrir un rumbo diferente al saqueo del país.

La medida para desalentar los viajes al extranjero, impidiendo financiar la compra de pasajes y servicios turísticos, fue tomada de sopetón. Responde a que el Banco Central se queda sin reservas propias, a pesar de haber sido un año de ingreso récord de dólares por exportación, y de haber achicado el déficit fiscal el doble de lo presupuestado. El punto es que los pagos de deuda y la fuga de capitales drenaron todas las divisas, y no hay mes del verano sin abultados vencimientos con el Fondo Monetario.

Tanto es así que en la previa a esta disposición, el presiente del BCRA Miguel Pesce había insistido en pedir nuevos DEG del FMI y hasta planteó la posibilidad de poder pagar con swaps -como el que Argentina tiene con China. Pero lo cierto es que mientras se honran compromisos financieros se abrocha con esta medida a una clase media que, según un relevamiento privado, ya para el primer trimestre tenía a una de cada tres familias debajo de la línea de pobreza.

Son manotazos de ahogado para ganar tiempo, pero las presiones se acumulan. El hecho es que el organismo de crédito exige normalizar la brecha cambiaria, lo que implica una devaluación en regla. Con una inflación galopante, y cuando se programan tarifazos en los servicios, ello significa un mazazo al ya menguado bolsillo popular, que en estas fiestas verá una canasta navideña un 65% más cara que hace un año. El salto del riesgo país y el desplome de la cotización de los bonos y acciones de empresas argentinas muestran el apriete del mercado que, por más que Alberto Fernández haya prometido en el acto poselectoral del Frente de Todos que honrará los compromisos con el capital financiero, exige resultados concretos.

Por eso el gobierno multiplicó sus guiños al gran capital. Massa y el ministro Jorge Ferraresi reconocieron abiertamente que la Ley de Alquileres fracasó, pero no para tomar los reclamos de los inquilinos que no puede costear el acceso a un hogar sino para comprometerse con la demanda de las inmobiliarias de ir a una desregulación total. Que mientras tanto Larreta haya pisado el acelerador para sancionar en forma exprés el remate de tierras públicas para megaemprendimientos urbanísticos no es mera coincidencia, sino la demostración de que la crisis habitacional es el resultado de la especulación que encarece la vivienda hasta niveles inaccesibles.

A su vez, el ministro de Trabajo Claudio Moroni reafirmó que no prorrogarán los decretos de prohibición de despidos y doble indemnización, y el propio Alberto Fernández recibió a los ejecutivos de Toyota y la burocracia sindical del Smata para ensalzar como «modelo» de reactivación productiva la reforma flexibilizadora del convenio de trabajo impuesto por la multinacional automotriz, cuando se encuentra produciendo a niveles récord a costa de una mayor explotación de la fuerza de trabajo. En este clima las patronales van por todo, como refleja la propuesta de las empresas textiles, el rubro industrial de precarización laboral más extendida, de blanquear la superexplotación a cambio de un régimen de beneficios impositivos.

Es una refutación del verso oficial de bregar por un acuerdo con el Fondo que sea indoloro para las masas laboriosas. Vale especialmente para la estafa de que apuestan a achicar y ordenar las cuentas públicas no con ajuste sino con crecimiento económico, cuando precisamente en medio de la mayor recaudación -por la inflación y el boom exportador- ha apretado el torniquete contra los salarios, jubilaciones y prestaciones sociales hasta alcanzar a octubre un déficit fiscal del 1,8% del PBI, cuando el Presupuesto 2021 consignaba un 4,5% -y esto cuando más que duplicaron los subsidios a las privatizadas de la energía.

De manera vergonzante, el horizonte de miseria que implica el rumbo oficial fue reconocido hasta por Grabois, que preparando el terreno para el voto favorable de Patria Grande a un acuerdo con el FMI formuló la «condición» de que se asigne una asistencia para los millones que no cuentan con ingresos regulares. Es la confesión de que no ofrecen ninguna perspectiva de futuro para la clase obrera argentina, la estación terminal de quienes abandonaron la lucha por trabajo genuino en nombre de la «economía popular».

La proliferación de casos de gatillo fácil en los barrios y comisarías cometidos por la Bonaerense y la Policía de la Ciudad, así como la criminal tercerización de la represión que se cobró la vida de Elías Garay en el sur en el marco de la ofensiva contra las comunidades mapuches, son retratos de que las penurias a la población trabajadora intentarán ser impuestas a la fuerza. Por eso condenaron a Arakaki y Ruiz por luchar contra el robo a los jubilados, mientras que a Cristina Kirchner la acaban de premiar con un sobreseimiento anticipado en la causa que investiga los retornos de los empresarios de la patria contratista vía sus empresas fantasma Hotesur y Los Sauces.

Así las cosas, la recta final del año deja planteado con claridad que, como enfatiza el editorial de Eduardo Salas, la verdadera grieta en Argentina es entre quienes luchan contra el FMI y quienes se someten a él. Es con esa perspectiva que el Frente de Izquierda Unidad impulsó una cita que congregó a destacados representantes de organizaciones combativas, del movimiento obrero y de desocupados, para organizar una gran movilización a la Plaza de Mayo el próximo 11 de diciembre contra el pacto con el Fondo, el plan plurianual de ajuste y la reforma laboral. Es un norte para reagrupar las fuerzas de la clase obrera en pos de derrotar los intentos de un gobierno empantanado y antipopular de descargar la crisis sobre nuestras espaldas.

Buen domingo.

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